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Corte Suprema de Pensilvania aceptó votos por correo aunque firmas sean sospechosas

Aunque suene totalmente ilógico, la Corte Suprema de Pensilvania dictaminó este viernes que los funcionarios electorales deben aceptar las boletas por correo, inclusive si estas tienen firmas que no no coinciden con las de un votante registrado

The Washington Times fue uno de los primeros en presentar la noticia: los jueces – de la suprema corte de Pensilvania – alegaron que, dentro las leyes estatales, no existe ninguna normativa que requiera la verificación de las firmas. Por ello, dicen que los funcionarios electorales deben aceptar los votos por correo así las firmas del votante registrado no coincidan con la papeleta. Lo que, como se puede concluir, podría provocar irregularidades o fraudes en los comicios presidenciales.

Para dimensionar la gravedad de este dictamen primero hay que mencionar que Pensilvania es un estado clave en las elecciones del 3 de noviembre. La ciudad natal del contendiente demócrata, Joe Biden, es considerado un swing state o estado bisagra porque no tiene una clara tendencia política. Además, tras Florida (55 votos electorales), es el estado bisagra con más peso en esta contienda (20).

Esos veinte colegios electorales, considerando que la elección puede ser mucho más cerrada en detrimento de lo que dicen las encuestas, pueden ser diferenciales.

Pensilvania no siempre fue un swing state, de hecho, casi siempre fue demócrata. Pero eso cambió en el 2016, cuando pasó del color azul – representado en demócrata – al color rojo – republicanos –. Básicamente: Trump lo convirtió en un estado bisagra, y lo necesita de vuelta para su reelección.

Por eso es, cuanto menos, llamativo que la Corte Suprema del estado dictamine que los funcionarios que estarán contabilizando votos acepten las papeletas, aunque las firmas no coincidan con el elector.

Pensilvania no ayuda a que haya confianza en las elecciones

El voto por correo ha sido un punto álgido en este 2020. Tanto del bando demócrata como del republicano han esbozado argumentos para poner en tela de juicio o defender el proceso electoral.

Los demócratas, por su parte, alegan que el mecanismo del voto no presencial, vía correo, se ha implementado históricamente. Lo cual es un hecho. Pero, del otro lado, el republicano, tienen otra realidad innegable: nunca se implementó una votación “no presencial” de manera masiva. Por ende, la elección puede estar sujeta a irregularidades; llámese fallas en el conteo, un alto número de votos perdidos o, en un efecto catastrófico, un fraude electoral que polarice a EE.UU.

Irregularidades con el voto por correo

Meses atrás, por ejemplo, el New York Post – diario de larga trayectoria que hoy está siendo censurado por las plataformas sociales debido a una revelación sobre los negocios turbios de Hunter Biden –, publicó un artículo, basado en una entrevista de una fuente anónima, que explicaba como funciona un mecanismo de fraude electoral en EEUU.

«Un alto funcionario demócrata dice que el fraude electoral, especialmente con las boletas por correo, no es un mito. Y lo sabe porque lo ha estado haciendo, a gran escala, durante décadas», se lee en el artículo que detalla los mecanismos y técnicas utilizadas para generar irregularidades – y fraudes – en el sistema electoral americano.

En septiembre, otra investigación, esta vez del “Proyecto Veritas”, reveló un esquema completamente ilegal de recolección de votos por correo que, por cierto, estuvo vinculado a Ilhan Omar. El vídeo tuvo más de un millón de reproducciones vía YouTube.

¿Hay un riesgo de fraude en Pensilvania?

La excusa para que los funcionarios electorales no rechacen los votos por correo debido a firmas irregulares es, básicamente, que las leyes no exigen una verificación de las mismas.

Esto dijo la juez Debra Todd en la opinión de la corte unánime con respecto al caso según el Washington Times: “Otorgamos la petición del secretario para una reparación declarativa, y ordenamos a las juntas electorales del condado que no rechacen las boletas electorales ausentes o enviadas por correo para contar, computar y contar con base en comparaciones de firmas realizadas por funcionarios o empleados electorales del condado, o como el resultado de impugnaciones de terceros basadas en tales comparaciones ”.

En ese sentido, la interpretación es clara: no importa si la firma en la papeleta no coincide con la firma del eventual elector, eso no será considerado una irregularidad.

En otros estados, donde también se puede votar vía correo, verificar la firma en la boleta por correo para que esta coincida con el elector registrado es un paso fundamental para considerar válido un voto ausente. Por supuesto, los funcionaros electorales en estos estados son previamente capacitados y tienen las herramientas necesarias para efectivizar este control y que no haya irregularidades.

Incluso Oregon, una de las pioneras en el voto por correo, tiene el inconveniente de que muchos votos son invalidados por errores en las firmas ¿Qué significa esto? Dos cosas:

  1. Sí hay indicios de irregularidad cuando una firma no coincide; pues cualquier individuo pudo falsificarla o cambiarla.
  2. Los votos por correos son una forma ineficiente de votar, por la desinformación y porque el propio mecanismo está diseñado para excepciones y no para la implementación masiva.

En conclusión, la Corte Suprema de Pensilvania no está ayudando a generar confianza en un proceso electoral ya de por sí tenso y polémico. Esta disposición, en un estado clave, puede ser el caldo de cultivo para empezar a dudar de los resultados; y eso, en una elección tan pareja, no generará nada positivo.

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