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Janet Yellen

La receta keynesiana de Janet Yellen: intervencionismo y más deuda pública

La utopía totalitaria de Yanet Yellen al frente del Tesoro es el reciclaje del tipo de política y retórica del New Deal, que eternizó la Gran Depresión hasta los días de hoy

Hay tantas tergiversaciones sobre el éxito de las teorías de Marx y John Maynard Keynes que sería difícil decir cuál es la más absurda. Sin embargo, una falacia que se repite con frecuencia es la idea de que las crisis económicas se producen como consecuencia de una caída en la rentabilidad de las inversiones, motivada por la excesiva acumulación de capital y riqueza en pocas manos y la insuficiente demanda de los compradores. 

Se trata de la vieja mentira del consumo que tanto Marx, como su discípulo Keynes, esgrimieron para analizar los ciclos de la sociedad de mercado capitalista y justificar el intervencionismo del Estado sobre la economía.

¿Cuál es la nueva crisis inventada por los demócratas? El Covid-19. La coartada perfecta para que Biden -y el círculo de poder que se mueve alrededor de Obama y los Clinton- hayan designado a Janet Yellen al frente de la Secretaría del Tesoro de Estados Unidos, una encandilada partidaria del keynesianismo.

El nombramiento no sorprende a nadie. En el apogeo de la influencia de las teorías marxistas para conseguir equilibrios precarios entre la tasa de inflación y la tasa de desempleo, Yellen fue presidenta de la Reserva Federal entre 2014 y 2018, al servicio del gobierno de Obama.

Cuando en 1999, durante una conferencia en Yale University, Yellen preguntó a la audiencia: “¿Pueden las economías capitalistas operar a pleno empleo en ausencia de una intervención rutinaria?”, su respuesta no sorprendió a nadie: “Por supuesto que no”. Una filosofía totalmente inversa a la de la escuela de Chicago.

Obviamente, la receta de Yellen pasa inexorablemente por la intervención pública que, en su opinión, es la única vía posible para sacar a un país de una grave recesión económica.

Y para justificar esta injerencia, los economistas demócratas utilizan invariablemente el mismo cuento: la caída de la economía en 1929, seguida por la depresión más catastrófica en la historia de Estados Unidos, se debió a un fallo del mercado de valores que provocó seguidamente un paro masivo, solo superado por las políticas del New Deal de Roosevelt.

Pero la realidad fue bien distinta. Únicamente a mediados de 1930 la tasa de paro se redujo del 9 al 6.3% con la primera gran intervención federal bajo Hoover. A partir de ese momento, tanto Hoover como Roosevelt, en contra de la opinión de muchos economistas, intervinieron la economía a una escala generalizada y sin precedentes. 

Nuevo New Deal con más deuda

El remedio fue peor que la enfermedad. A lo largo de toda la década de los treinta, el número de desempleados llegó a máximos históricos. Inclusive en 1932, Estados Unidos registró la mayor caída del PIB con un 27 % interanual con un descenso del 50 % en la producción industrial. Bajo este aterrador panorama, el desempleo alcanzó en 1933 el 25 %.

Antes de la Gran Depresión, ningún gobierno americano se había atribuido el papel de sacar a la economía de una crisis con políticas intervencionistas. De hecho, en 1921, el presidente Warren G. Harding optó por reducir el gasto público para corregir una tasa de desempleo anual del 11.7 %.

¿Busca el gobierno de Biden repetir un nuevo New Deal?

Todo parece indicar que sí. Para justificarlo, Janet Yellen acudirá a sus mentores intelectuales preferidos.  Marx, experto en la dramatización social, advertía como la depresión económica en el Capitalismo sólo genera la pauperización de las masas y un ejército de trabajadores en paro. Por su parte, Keynes llegó más allá al asegurar que las recesiones se convierten en un estado permanente del que el mercado es incapaz de salir por sí mismo. La solución para ambos radicaba en la máquina intervencionista del Estado Niñera que controle la vida de los ciudadanos.

El buenismo totalitario se repite. Yellen confía en solucionar la crisis de deuda con más deuda pública. Las cifras no mienten. El gobierno de Biden en tan sólo 100 días ya ha aprobado un paquete de estímulo por valor de 1.9 billones de dólares dentro de un gigantesco programa de gastos que supone una factura acumulada para las próximas generaciones del 108,68 % del PIB (datos de 2019), lo que coloca al país al nivel de economías endeudadas como Grecia, Italia y Japón.

En línea con el sector extremista de la izquierda, Yellen cree que sólo con los estímulos públicos, Estados Unidos podría reactivar la economía. La argumentación de la secretaria del Tesoro está lejos de la solvencia ejecutiva. Su explicación es que se precisan más préstamos a corto plazo para la dinamización económica, incluso sin planes precisos para devolverlo.

Yellen confía en que las tasas de interés se mantendrán bajas en un futuro previsible, lo que dará margen para financiar los préstamos de una manera más factible. Pero si aumentase la inflación y el desempleo, el argumento de Yellen podría caer por su propio. Algo que no es muy difícil que ocurra como consecuencia de la contracción de la economía en estados como Nueva York y California por el arbitrario cierre de la actividad económica durante el Covid-19.

Bolsillo al servicio de la ideología

Tal vez en otras épocas donde la deuda de las administraciones no estuviera tan fuera de control, las temeridades no tendrían tanta relevancia. Pero ahora no es así. Para algunos de los principales economistas, el exceso puntual de deuda no es un problema; lo principal es hacer volver a los americanos al trabajo entre tanto subsidio público y confinamiento sanitario.

En realidad, a lo que teme la opinión pública americana es que los políticos utilicen la crisis del Covid-19 como pretexto para intervenir la economía, gestionando con lupa todo tipo de negocios y redistribuyendo la renta según los dictados de asesores como Bernie Sanders y Ocasio Cortez, a quienes Biden le debe media poltrona del Despacho Oval.

¿Realmente puede el gasto público mejorar el estado de la economía en una situación como la actual?

Por supuesto que no. El aumento de la deuda pública supone más imposiciones para las familias y empresas, mayor dificultad para refinanciar las cargas a corto plazo, disminución del ahorro de los inversores, merma considerable de los capitales disponibles para invertir, lo que podría desviar parte de los capitales que pueden financiar operaciones de corto plazo (inventarios, operaciones comerciales) mediante la emisión de papel comercial.

Una de las cosas que incita a que la izquierda saque a relucir el fantasma de la recesión, es para justificar cualquier operación intervencionista de la administración de Biden en la economía. 

Por eso, los inversores y los empresarios tienen sobradas razones para estar preocupados sobre posibles futuras subidas de impuestos, regulaciones económicas presumiblemente predecibles, o nacionalizaciones (disfrazadas de rescate) y ayudas públicas preferentes en los estados gobernados por demócratas.

La utopía totalitaria de Yanet Yellen al frente del Tesoro es el reciclaje del tipo de política y retórica del New Deal, que eternizó la Gran Depresión hasta los días de hoy con más intervencionismo estatal, con más degeneración de los sindicatos a la ideología de un partido y con más gasto público pactado con los bolsillos cautivos.

Ha llegado el momento de que la gente se pregunte por qué es necesario aceptar estas falacias, si después tenemos que pagarlas todos con nuestros salarios o empeñando el futuro del bienestar de nuestros hijos.

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