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Save Ralph: una sociedad hipócrita

Probablemente el corto pueda tener un impacto positivo, más allá de detener la crueldad animal, si nos lleva a preguntarnos cuánto vale el ser humano

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¿Es aceptable la crueldad animal? ¿Puede tolerarse bajo algún concepto? Absolutamente no. Las torturas, malos tratos y cualquier daño que se infrinja, desde la irracionalidad, a los animales —y cualquier otra forma de vida— deben ser enérgicamente condenados. No pueden ser tolerados. Teniendo clara esta premisa de entrada, podemos adentrarnos en el tema que nos interesa.

Seguramente en los últimos días tus redes sociales se hayan visto inundadas de conejos, uno en específico. Una storie tras otra, siempre lo mismo: Ralph, un conejo bonachón y de apariencia noble que nos detalla sus vivencias como animal de experimentación y los daños que estas pruebas han causado a su cuerpo. Es el personaje principal de un corto animado de stop-motion, escrito y dirigido por el americano Spencer Susser. El proyecto cuenta con la participación de Taika Waititi, Ricky Gervais y Zac Efron. Fue estrenado por la Humane Society International (HSI).

Un boom inmediato, se viralizó en cuestión de horas. Una producción muy bien hecha, de gran nivel técnico, actores de primera línea y una historia que apela a la empatía y a la reflexión de la audiencia. Puedes quedar hipnotizado y encantado a primera vista, es fácil compartir el corto sin pensarlo —a menos que siempre le busques la quinta pata al gato (o al conejo), para bien o para mal.

La cultura del hemisferio occidental ha creído siempre que el hombre es superior a los animales, puesto que el hombre ocupa un lugar central en el universo. Ya esta convicción ha sido cuestionada en el pasado: para David Hume, el alma espiritual del hombre no tenía valor, a diferencia de las emociones e instintos. Jeremy Bentham abogaba por perseguir el placer y evitar el sufrimiento. Charles Darwin propuso un mismo origen entre el hombre y el resto de los animales. Todas posturas utilitaristas y negativamente antropocéntricas que dejan en un mismo nivel al ser humano y a los animales, entre quienes solamente existirían diferencias cuantitativas y no de grado.

Siguiendo la línea de estas premisas, en las últimas décadas han surgido una infinidad de corporaciones animalistas. Para todas ellas es imprescindible dejar a un lado la idea de la superioridad del hombre sobre cualquier otra especie. Si hemos tenido el valor de superar el racismo y el sexismo, debemos dar un paso adelante para dejar atrás también el especismo, ese es su discurso progresista. Ser humano y animales, ambos provistos de la misma dignidad y, por ende, de los mismos derechos.

Esta forma de concebir la vida es muy peligrosa. Desde el mismo momento en que vale lo mismo defender la vida de un conejo que la de cualquier persona, perdemos nuestra esencia fundamental y nuestras sociedades se desvirtúan. Una nación, un Estado, solo será justo en la medida en que opte por defender a todo ser humano. Sí, incluso por encima de la vida animal. Entra dentro de este apartado el tema de la experimentación animal, que ha jugado un papel fundamental en casi todos los mayores descubrimientos médicos de la era moderna. La medicina, la farmacia y demás ramas de las ciencias de la salud deben sus grandes avances en buena medida a estas prácticas.

Save Ralph abre la puerta a condenar cualquier tipo de experimentación. Un gran error. Es un gran problema aceptar de entrada la premisa del corto, sin conocer a profundidad la historia y evolución de las ciencias médicas. Y más aún, son esta mismas corporaciones defensoras de derechos animales como HSI las que estrangulan a las pequeñas empresas que intentan ofrecer productos que no han sido testeados en animales, lucrándose a niveles altísimos al ofrecer sus sellos de “cruelty free”. Al fin y al cabo estas corporaciones no subsisten por la filantropía, sino gracias al dinero y a los réditos de promover sus agendas en el mundo (incluida una práctica tan dañina como el veganismo, en el caso específico de la HSI).

Repito, nunca es aceptable la crueldad, pero cuando la experimentación animal es ejercida dentro de parámetros razonables y en beneficio del género humano, es moralmente lícita. No vale más la vida de un conejo, que la de una persona que sufre con una enfermedad degenerativa. No vale más la vida de ningún animal, que la de millones de personas perseguidas por su credo, que la de millones de mujeres traficadas como esclavas sexuales, que la de millones de niños que sufren desnutrición, que la de millones de personas afectadas por la guerra y no vale más la vida de ningún animal que la de un ser humano en estado de gestación, contra quienes sí se está cometiendo un genocidio con la mayor de las crueldades.

Probablemente Save Ralph pueda tener un impacto positivo, más allá de detener la crueldad animal, si nos lleva a preguntarnos cuánto vale el ser humano. Descubriremos nuestra superioridad, no para destruir desde la soberbia, sino para dominar la creación y moldearla a nuestro beneficio. Descubriremos que a diferencia de cualquier otra especie somos capaces de conocernos a nosotros mismos, de poseernos y apropiarnos de nuestra vida para darnos libremente y relacionarnos con los demás. Solo así dejaremos de ser indiferentes a los problemas que verdaderamente nos están llevando cada día un paso más cerca de la autodestrucción. Así seremos capaces de levantar nuestra voz, no para apoyar ni para opacar los problemas verdaderamente importantes de nuestro tiempo con otros menos relevantes, sino para ponerles fin de una vez por todas.

4 comments
  1. Totalmente de acuerdo. Las redes sociales están inundadas de comentarios como: “en lugar de experimentar con animales, deberían experimentar con violadores y asesinos”, basando su “argumento” en la inocencia de los animales y la culpabilidad de los criminales.

  2. Interesante su artículo y además muy oportuno. Soy una persona que comparto lo que usted ha escrito, sin embargo todavía hay cosas que no cuadran en todo este asunto. El ser humanos es omnívoro, come carne por verdadera necesidad. Utilizamos animales y plantas para casi todo en la vida. El resto de los animales del planeta no tienen miramiento alguno a la hora de matar para sobrevivir. Vale más un microorganismo que un conejo o un gato? Y una cucaracha vale menos que un canario? Aún así, aunque entiendo el problema siento que hay algo malo en matar o dañar animales aunque sea por necesidad. Tengo un problema existencial a este respecto y su artículo no me lo resolvió. No obstante buen intento . No a los fanáticos pregresistas que utilizan este dilema para buscar el poder político.
    Saludos.

    1. Partamos de la base que no necesitamos para nada a los científicos. ¿Interesante, no? Porque, sin quererlo, han hecho más mal que bien en la humanidad. Por otra parte y más interesante es que tenemos todas las soluciones a nuestros problemas de salud, primero: en nuestra dieta, segundo en la plantas. NOSOMOS CARNÍVOROS. SE COMPRUEBA POR NEUSTRA DENTADURA. Les invito a que sigan investigando. Yo lo hice hace más de cuarenta años. Sigo sin necsitar la «ciencia»

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