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USA, dólares

¿Por qué sufrimos ciclos económicos de auge y recesión?

El problema esencial con la macroeconomía convencional es que carece de conexión real entre el corto y el largo plazo

Cuando identificamos al dinero como institución evolutiva emergente surgida de las relaciones intersubjetivas; institución que a su vez entendemos como clave de un sistema crítico del orden espontaneo vemos que, como explica el filósofo Gabriel Zanotti, si bien:

“(…) no es lo mismo la moneda en la Antigua Roma y en el Washington actual. Sin embargo, ambas situaciones históricas tienen “algo en común”: la naturaleza, la esencia, el sentido, de la relación intersubjetiva en cuestión. Cuando Mises define moneda como una mercancía que demandamos no para consumo directo, sino para intercambiar por otras mercancías que sí demandamos directamente consumir, está haciendo una definición fenomenológica, universal, de la relación intersubjetiva que llamamos “cambio indirecto”. Y allí está la actitud teorética por la cual llegamos a la “naturaleza en sí misma” de cada relación.”

Con lo que concluiremos que: cuando de la intersubjetividad surgió una nueva categoría de relación que la evolución del orden espontaneo institucionalizó, tal proceso evolutivo nos entregó una categoría praxeológica universal que, una vez identificada como tal, podremos emplear en el campo de la teoría pura y aplicar a cualquier manifestación circunstancial de la misma en cualquier realidad histórica concreta. Y es por ello que podemos afirmar que tal como en la interferencia sobre el sistema de precios, el sostenimiento de un precio regulado exige la regulación de otros al punto que finalmente todos habrían de estarlo.

La interferencia arbitraria sobre cualquier característica de la mercancía que de la evolución competitiva emergió como medio de intercambio indirecto de universal aceptación conduce fatalmente a similares interferencias sobre otras de sus características y finalmente a la arbitraria interferencia creciente en otras instituciones relacionadas con el dinero, así como a la distorsión adaptativa de los sistemas no interferidas arbitrariamente debido a los artificiales escenarios de oportunidad generados por tales arbitrariedades. Solo una adecuada correspondencia entre la teoría del dinero y el crédito con la teoría de la estructura dinámica del capital por etapas, en el marco de la teoría del orden espontaneo, hace posible la aproximación a una teoría del ciclo económico internamente coherente y adecuadamente aplicable a un tiempo.  

Un problema esencial con la macroeconomía convencional –de Keynes en adelante–es que, como señaló Robert Solow, carece de conexión real entre el corto y el largo plazo. La ausencia de anclaje microeconómico coherente es la clave del problema, como se ha evidenciado en los estériles intentos de desarrollar dicho anclaje dentro del paradigma macroeconómico dominante, que han terminado por sacrificar la aplicabilidad de la teoría para conservar una cierta rigurosidad; lo que no deja der un signo de la crisis emergente del propio paradigma.

Cómo explicó el economista Ludwig von Mises:

“Una cosa hay que dejar clara: no existe relación aritmética directa entre un aumento o una disminución en la emisión de medios fiduciarios, por una parte, y el aumento o disminución del tipo de interés que esto ocasiona de forma indirecta a través de sus efectos sobre la distribución social de la riqueza… […] La redistribución de la propiedad hace que los agentes económicos individuales tomen decisiones distintas de las que en otro caso hubieran tomado. Tratan a los bienes de que disponen de manera diferente; los asignan de modo diferente entre el empleo presente (consuntivo) y el empleo futuro (productivo). […] De hecho es indudable que, por muy grande que sea el aumento en la cantidad de dinero en el sentido amplio, ya se origine en un aumento de los medios fiduciarios o en el aumento en la cantidad de dinero en sentido estricto, el tipo de interés nunca podrá reducirse a 0.” 

Y cómo aclara el mismo Mises:

“Nada ha sido más fácil que burlar las medidas legislativas encaminadas a la protección del patrón monetario. Todos los gobiernos, incluso los más débiles e incapaces, lo han hecho sin dificultad”

El problema es que la estructura dinámica del capital tiende a reequilibrarse intra e inter-temporalmente a través de orden espontaneo del mercado, lo que efectivamente se puede entender como que produce ciertos resultados agregados a partir de ciertos previos agregados –aunque la regularidad no prueba nunca la causalidad por sí sola, es un indicio clave que la hace muy probable– pero tal idea no tiene sentido si se hace abstracción del proceso por el que aquello en realidad ocurre, como ha hecho la macroeconomía convencional desde la tercera década del pasado siglo. Explica el economista Roger Garrison que:

 “En la teoría austríaca se hallan implícitos dos “postulados” o “supuestos” sobre las expectativas: (1) los empresarios no conocen —ni pueden comportarse como si conociesen— las realidades económicas subyacentes cuyas características cambiantes se expresan a través de cambios en los precios, salarios, y tipos de interés; y (2) los precios, salarios, y tipos de interés contribuyen a facilitar la coordinación de las decisiones económicas y a mantener aquellas decisiones en línea con las realidades económicas subyacentes.” 

A través de la comprensión teórica de los cambios en la estructura del capital por etapas se conecta el corto y el largo plazo en lo que en teoría económica se puede llamar macroeconomía; y es en el tiempo transcurrido entre que el ahorro se invierte en la compleja estructura del capital para iniciar la producción —lo que implica siempre invertir en las etapas más alejadas, y en determinadas circunstancias incluso extender la estructura— y que los bienes de primer orden llegan a sus demandantes finales y son consumidos, que tenemos un período de tiempo durante el cual las conjeturas sobre el futuro comportamiento de la demanda deben ser realizadas para decidir inversiones y tales conjeturas pueden fallar. Pero también es ese el período de tiempo durante el que las distorsiones de origen monetario pueden inducir errores sistémicos en los agentes, ocasionando alargamientos insostenibles de la estructura del capital hacia los bienes de orden superior en las etapas de auge de los ciclos, con su consecuente y doloroso  ajuste posterior.

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