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The Unbroken Thread - Sohrab Ahmari

The Unbroken Thread: Tradición con T mayúscula

Ahmari plantea de forma sumamente estimulante 12 preguntas, a través del lente de 12 de pensadores, que el liberalismo y la posmodernidad parecen haber olvidado o no ofrecen una respuesta más allá de “haz lo que quieras”

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Cuando se lee a los conservadores decir que debemos preservar la “tradición occidental”, generalmente se refieren a la masonería del siglo XVIII. ¿Cómo pueden los miembros de una institución premoderna como la Iglesia católica sentirse a gusto con esa tradición? Tienen dos opciones: algunos tratan de ignorar ese hecho, intentan seguir el juego, resaltar los aspectos positivos de esta tradición y nadar con la marea, como hacen la mayoría de los “conservadores” de Occidente.

Sin embargo, algunos defienden apelar a una Tradición aún mayor. Entre ellos, el editor de opinión del New York Post y converso al catolicismo, Sohrab Ahmari, que ha publicado uno de los libros conservadores más sugerentes de este año: The Unbroken Thread: Discovering the Wisdom of Tradition in an Age of Chaos.

El libro está dedicado a su hijo Maximiliano, que lleva el nombre de San Maximiliano Kolbe (si no conoces su historia, te invito a leerla inmediatamente). Ambos sirven de leitmotiv del libro: le dedica el libro a su hijo para que siga el ejemplo de San Maximiliano.

Ahmari es bastante claro con el argumento principal de The Unbroken Thread desde el principio (todas las traducciones son propias): “He llegado a creer que los mismos modos de vida y de pensamiento que la mayoría de la gente en Occidente considera anticuados o ‘limitantes’ pueden liberarnos, mientras que el sueño occidental de autonomía y elección sin límites es, de hecho, una prisión; que la búsqueda de definirnos a nosotros mismos por nuestra cuenta es una especie de El Dorado, que lleva a la locura a los muchos que lo buscan; que para que nuestro mejor y más elevado yo se eleve, otras partes de nosotros deben estar atadas, encerradas, limitadas, atadas”.

Puede que el argumento no le parezca nuevo a nadie relativamente acostumbrado a las tradiciones conservadora y católica, pero la forma en que Ahmari lo presenta es lo que lo hace innovador y estimulante: plantea 12 preguntas que el liberalismo y la posmodernidad parecen haber olvidado o no ofrecen una respuesta más allá de “haz lo que quieras” a través del lente de 12 pensadores. Uno pensaría que, como converso al catolicismo, estos 12 personajes serían santos o, al menos, católicos ortodoxos, pero Ahmari ofrece una combinación diversa de voces, desde grandes santos, como San Agustín, y defensores del cristianismo, como C.S. Lewis, hasta voces más allá de Occidente, como Confucio e incluso una feminista radical, Andrea Dworkin.

Pero, ¿qué tienen en común estos autores? Que forman parte del “unbroken thread” de una Tradición que considera que el orden y los límites son la raíz de la verdadera libertad y virtud. El hecho de que los protagonistas de cada capítulo desafíen la calificación significa que esta Tradición es más bien una serie de hilos entrelazados que se unen entre sí y que provienen de cualquier civilización en la que el hombre haya reflexionado seriamente sobre su propia condición.

El hilo que une a los 12 personajes que explora Ahmari se encuentra en realidad en el último capítulo del libro:

“Con C. S. Lewis, exploramos los límites del conocimiento científico. Tomás de Aquino nos mostró cómo la arrogancia de la razón desligada de la religión disminuye a ambas. En la mesa del Sabbath de Abraham Joshua Heschel probamos la promesa liberadora de las restricciones del Sabbath. Seguimos a Victor y Edith Turner en la selva africana, para discernir cómo el ritual estructurado fundamenta la comunidad. Vimos cómo la sumisión a la autoridad divina salvaguarda la dignidad humana, a nivel del individuo (Howard Thurman) y de la comunidad política (San Agustín). La tradición confuciana nos instó a servir a nuestros padres para ser más humanos.

El debate Newman-Gladstone mostró cómo el ‘pensar por uno mismo’, en el sentido moderno y liberal, socava la verdadera conciencia. Alexander Solzhenitsyn relató sus duras lecciones sobre cómo la libertad sin fines ni límites nos atrapa en su propio tipo de gulag. La audaz vida y pensamiento de Andrea Dworkin expuso cómo nuestra ideología de la libertad sexual enmascara una falta de libertad más profunda. Hans Jonas advirtió de los peligros de despreciar los límites impuestos por la existencia encarnada”.

The Unbroken Thread: La defensa conservadora de la Tradición

Ahmari no es un conservador típico dentro del conservadurismo americano por la mera razón de que no es un liberal que carece de instintos revolucionarios, que es lo que son la mayoría de los conservadores americanos. Entonces, no es extraño que haya elegido a Solzhenitsyn para uno de sus capítulos, y que diga que “Se supone que un inmigrante no debe quejarse de la sociedad que le dio refugio. Eso es lo que soy: un inmigrante, radicalmente asimilado, que sin embargo alberga dudas fundamentales sobre la sociedad que lo asimiló”. 

El instinto liberal es que somos los mejores jueces de nuestros propios actos. El instinto clásico es todo lo contrario; el sentido común indica que somos los peores jueces de nuestros propios actos. Por tanto, debemos poner límites a nuestra razón, a nuestra libertad, a nuestro cuerpo. Por paradójico que parezca —y Ahmari es muy consciente de la paradoja— somos más libres cuando nos situamos dentro de una Tradición y dentro de un orden cósmico. ¿Por qué? Porque nos ordenamos hacia algo superior a nosotros mismos. Nuestra libertad no consiste en deleitarnos con cada pequeño placer y novedad posmoderna; la libertad consiste en donarnos. La esencia de la libertad no es la auto-elección, sino el auto-sacrificio.

Por eso San Maximiliano Kolbe parece una inspiración adecuada para The Unbroken Thread. En palabras de Ahmari, “Kolbe, sin embargo, escaló la cumbre misma de la libertad humana. La escaló —y esta es la clave de su historia, creo— atándose a la Cruz, negando y superando, con intensa resolución espiritual, su instinto natural de supervivencia. Su aparente rendición se convirtió en su triunfo. Y clavado en la Cruz, dijo a sus captores, en efecto: soy más libre que ustedes. En ese tiempo y lugar de maldad radical, en ese vacío negro de inhumanidad, Kolbe afirmó su libertad moral e irradió lo que significa ser plenamente humano”.

San Maximiliano Kolbe y la verdadera libertad

Así, The Unbroken Thread es un llamad a pensar por nosotros mismos dentro de la Tradición en lugar de contra ella, y por eso es tan sugerente: no se trata de rendir nuestra voluntad a la Tradición, lo que la congelaría, sino de alinearnos libre y racionalmente con ella, lo que mantiene vivas sus llamas. Aunque Ahmari no es un conservador americano típico, sí comparte, al menos en el libro, la emoción conservadora por excelencia, la gratitud: con el pasado, con la tradición y con nuestros antepasados. 

Muchos han criticado este libro como agresivo contra la libertad y como una llamada al autoritarismo. Son falacias. El libro señala un defecto antropológico fundamental del liberalismo: que la libertad negativa no nos hace necesariamente más libres o más virtuosos. Poner la elección sin criterio en un altar provoca todo lo contrario, para ser sinceros.

Así, The Unbroken Thread nos llama a recordar y abrazar esa vieja Tradición de la libertad como libertad limitada: no una libertad que se expande cuando no tenemos limitaciones, sino una libertad que se expande cuando vivimos virtuosamente y aceptamos nuestras poquedad y limitaciones: la libertad para la excelencia, la libertad para elegir el Bien Supremo, que es la única libertad que puede escapar del vacío interminable de la autoinvención posmoderna.

¿Significa esto que debemos tomar como bueno todo lo que ocurrió en el pasado? Dudo que ningún conservador lo diga. Pero significa, y creo que esto es lo que mejor hace The Unbroken Thread, que debemos dar un paso atrás y pensar en por qué nuestros antepasados hicieron lo que hicieron, construyeron lo que construyeron y creyeron lo que creyeron antes de que decidamos derribarlo y crear algo nuevo con cenizas por raíces.

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