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Cómo tres mujeres intentaron alejar a los americanos del socialismo

Las “Libertarias del 43” eran mujeres defensoras a ultranza del individualismo americano y del ingenio humano

Por Kerry McDonald

En 1943, cuando las políticas colectivistas estaban en auge, ocurrió algo extraordinario. Tres mujeres publicaron ese año tres libros que sacaron a los americanos de su estupor socialista y les recordaron los valores fundamentales de la libertad individual, el gobierno limitado, el capitalismo de libre mercado y el espíritu empresarial. A propósito de lo que fue el mes de la Historia de la mujer reflexionamos sobre cómo Rose Wilder Lane, Isabel Paterson y Ayn Rand ayudaron a catalizar el movimiento libertario del siglo XX.

Las “libertarias del 43”, como el biógrafo de Paterson, Stephen Cox, apodó a estas mujeres, fueron defensoras declaradas del individualismo americano y del ingenio humano, y críticas declaradas de la ideología socialista y de las políticas del gobierno excesivo. Cox explica que “las mujeres fueron más importantes para la creación del movimiento libertario que para la creación de cualquier movimiento político no centrado estrictamente en los derechos de la mujer”. El trabajo de estas tres mujeres sigue inspirando hoy a una nueva generación de escritoras libertarias, y su mensaje es más urgente ahora que nunca.

Hija de Laura Ingalls Wilder y Almanzo Wilder, Rose Wilder Lane es la “Bebé Rose” que muchos recordamos del noveno libro de la serie “La casa de la pradera, Los cuatro primeros años”. Nacida en 1886 en el territorio de Dakota, sus años de crecimiento en la pradera probablemente inculcaron en Lane un sentido de individualismo rudo y de autosuficiencia que finalmente se reflejó en sus escritos a lo largo del siglo XX. Inicialmente simpatizante de las ideas del socialismo durante la Primera Guerra Mundial, se convirtió en una de sus más feroces opositoras tras visitar la Unión Soviética y partes de Europa con la Cruz Roja americana y ser testigo de la corrupción generalizada y la erradicación de la libertad personal. Cuando regresó a Estados Unidos, escribió mucho, publicando libros y escribiendo artículos para medios como Good Housekeeping, McCall’s, Ladies’ Home Journal, Harper’s y el Saturday Evening Post.

A finales de la década de 1920, Lane era una de las escritoras mejor pagadas de los Estados Unidos. Se convirtió en una crítica de los programas del New Deal (Nuevo Tratado) de Roosevelt, de la Seguridad Social y de otros programas gubernamentales que, en su opinión, le restaban poder a los individuos y le otorgaban mayor autoridad al Estado. En 1939, Leonard Read, que fundaría la Fundación para la Educación Económica (FEE) en 1946 como el primer centro de pensamiento libertario del país, volvió a publicar una versión ampliada de uno de los primeros y más influyentes ensayos de Lane, “Give Me Liberty”, en el que describe su evolución de simpatizante socialista-comunista a individualista acérrima: “Muchos consideran hoy al Estado colectivista, como yo lo hice una vez, una extensión de la democracia. Desde este punto de vista, el panorama es de pasos progresivos hacia la libertad”, escribió. A continuación, describió su experiencia viviendo en la Unión Soviética y viendo los resultados de las políticas colectivistas en primera fila:

“Salí de la Unión Soviética sin ser comunista, porque creía en la libertad personal. Como todos los americanos, daba por sentada la libertad individual con la que había nacido. Me parecía tan necesaria e inevitable como el aire que respiraba; parecía el elemento natural en el que vivían los seres humanos. La idea de que pudiera perderla nunca se me había ocurrido ni remotamente”.

Este ensayo marcó la pauta de su influyente libro de 1943, The Discovery of Freedom (El Descubrimiento de la Libertad), en el que promueve de forma persuasiva la libertad individual, el gobierno limitado y los mercados libres. Explica cómo la libertad americana desencadena la plena capacidad de la mente humana para descubrir e inventar, lo que conduce a un progreso y una prosperidad sin precedentes para todos. Lane escribe:

“La energía humana funciona para suplir las necesidades humanas y satisfacer los deseos humanos, sólo cuando, donde, y en la medida precisa en la que los hombres se saben libres. Funciona eficazmente sólo en la medida en que el gobierno es débil, de modo que los individuos se ven menos impedidos a actuar libremente, de utilizar la energía del cuerpo y de la mente bajo su propio control individual. La historia universal demuestra este hecho. Cada detalle de la experiencia común de hoy lo demuestra. La luz eléctrica lo demuestra; el auto en el garaje lo demuestra. ¿Cómo creó Edison la luz eléctrica? ¿Cómo crearon los americanos los millones de autos americanos? Utilizaron el libre pensamiento, la libre expresión, la libre acción y la libre propiedad. El uso sin trabas de los derechos humanos naturales crea todo este mundo moderno. Ninguna otra cosa hace posible que los hombres creen cosas nuevas, y que las mejoren y las sigan mejorando”.

Isabel Paterson, contemporánea de Lane y su primera aliada, hizo eco de las ideas de Lane sobre el individualismo y la libertad. Al igual que Lane, Paterson fue una prolífica escritora y entusiasta defensora de los ideales libertarios. También nacida en 1886, en Canadá, la familia pobre de Paterson se desplazó por el oeste americano y Canadá cuando ella era una niña. Al igual que Lane, Paterson tuvo muy poca educación formal y se educó por su cuenta. Dejó su casa cuando era adolescente para buscar trabajo, aceptando una serie de empleos mal pagados, incluyendo uno como secretaria del editor de un periódico de Washington, quien descubrió su talento como escritora. A partir de ahí su carrera despegó.

En 1924, Paterson comenzó a escribir una destacada columna literaria para el New York Herald Tribune, puesto que ocupó durante 25 años y en el que hacía hincapié en temas libertarios. Se oponía a la prohibición, al reclutamiento militar, a la escolarización gubernamental y al capitalismo de compinches. Estaba a favor del libre comercio y la inmigración, y en contra del New Deal y la planificación central. Paterson defendía el capitalismo de libre mercado y celebraba el espíritu empresarial y la invención. Se convirtió en ciudadana americana en 1928, a los 42 años.

En 1943, Paterson publicó su libro clave, The God of the Machine (El Dios de la Máquina), que articulaba plenamente su visión libertaria de la libertad personal y económica, y mostraba cómo las políticas estatistas pueden ahogar el ímpetu humano. “El capitalismo es el sistema económico del individualismo”, escribe Paterson. Continúa explicando que “las mentes superficiales, como la de Marx, asumieron que el capitalismo tendía a la concentración de la riqueza y a una división de intereses ‘de clase’. Pero el ‘interés’ del capitalismo es la distribución. Todas las invenciones del hombre tienen como fin el individualismo, porque surgen de la función individual de la inteligencia, que es la fuente creativa y productiva.

Siendo la libertad la condición natural del hombre, los inventos que permiten una mayor movilidad se resuelven en medios individuales. En la medida en que la acción cooperativa es útil para el desarrollo del individuo, el capitalismo es plenamente capaz de realizar, por asociación voluntaria, vastas y complejas operaciones de las que el colectivismo es absolutamente incapaz, y que se autoliquidan al límite de su utilidad, si se les permite completar el proceso. Ninguna sociedad colectivista puede ni siquiera permitir la cooperación; depende de la compulsión; por eso permanece estática”.

Rose Wilder Lane, que era amiga del expresidente Herbert Hoover, le escribió para elogiar el libro de Paterson: “Intento contener mi entusiasmo, pero me parece un libro que se sitúa al nivel de los mejores de Paine y Madison”, dijo. Ayn Rand, la tercera de los “Libertarios del 43”, también celebró el libro de Paterson. Rand escribió: “El Dios de la Máquina es un documento que podría salvar al mundo literalmente… El Dios de la Máquina hace por el capitalismo lo que Das Kapital hace por los rojos y lo que la Biblia hizo por el cristianismo”. Paterson, a su vez, apoyó con entusiasmo la novela de Rand de 1943, El Manantial, en su columna literaria.

Nacida en Rusia en 1905, Rand vivió la Revolución Rusa de 1917, cuando vio cómo el Estado confiscaba el negocio de farmacia de su padre en Petrogrado. La familia escapó a la península de Crimea, donde Rand asistió a la escuela secundaria. Regresaron a Petrogrado en 1921, donde vivieron la Gran Hambruna, en la que padecieron una inanición periódica y millones de rusos perecieron. Rand obtuvo un visado para visitar Estados Unidos y llegó a Nueva York en 1926, a la edad de 21 años, cambiando su nombre de Alissa Rosenbaum a Ayn Rand. Se convirtió en ciudadana americana en 1931.

Las experiencias de la infancia de Rand le revelaron los males de la ideología colectivista y la doctrina del “altruismo”, configurando sus opiniones a favor del individualismo y la doctrina del “egoísmo”. El Manantial, junto con su posterior obra magna La Rebelión de Atlas, articulan de forma elocuente y entretenida su filosofía del “hombre como un ser heroico con su propia felicidad como propósito moral de su vida, con el logro productivo como su actividad más noble y la razón como su único absoluto”.

En El Manantial, el personaje principal de Rand, Howard Roark, explica las virtudes del egoísmo y el logro individual con mayor claridad: “A los hombres se les ha enseñado que la más alta virtud no es lograr, sino dar. Pero no se puede dar lo que no se ha creado. La creación es anterior a la distribución, o no habrá nada que distribuir. La necesidad del creador es anterior a la de cualquier posible beneficiario. Sin embargo, se nos enseña a admirar al intermediario que distribuye regalos que no ha producido, por encima del hombre que ha hecho posible los regalos. Alabamos un acto de caridad, pero nos encogemos de hombros ante un acto de mérito”.

Rand se dio a conocer como una “radical del capitalismo”, explicando que el capitalismo es el único sistema político y económico que reconoce y respeta los derechos individuales. En su libro de 1966, Capitalismo: El Ideal Desconocido, Rand escribe: “El capitalismo fue el único sistema de la historia en el que la riqueza no se adquiría mediante el saqueo, sino mediante la producción, no mediante la fuerza, sino mediante el comercio, el único sistema que defendía el derecho del hombre a su propia mente, a su trabajo, a su vida, a su felicidad, a sí mismo”.

mujeres
Su coraje y convicción sentaron las bases de un renovado compromiso con los ideales americanos (FEE)

Para Lane, Paterson y Rand, 1943 fue una época solitaria, con sólo un pequeño grupo de pensadores libertarios que denunciaban las políticas colectivistas y la ideología socialista que las élites aplaudían. Su coraje y convicción sentaron las bases de un renovado compromiso con los ideales americanos de individualismo y oportunidad, gobierno limitado, libre empresa y espíritu emprendedor. Como dijo el periodista John Chamberlain: “De hecho, fueron tres mujeres —[Isabel] Paterson, Rose Wilder Lane y Ayn Rand— las que, con miradas de reojo a la comunidad empresarial masculina, decidieron reavivar la fe en una antigua filosofía americana”.

Hoy, afortunadamente, somos más los que reconocemos y re-transmitimos los principios de una sociedad libre, y hay más organizaciones que apoyan estos esfuerzos, incluyendo a FEE, que celebra su 75to aniversario este año.

En un momento en el que los derechos individuales se han visto implacablemente erosionados debido a los confinamientos, la libertad económica ha sido aplastada por considerar a muchas de las pequeñas empresas como “no esenciales”, y el gobierno se ha expandido mientras el gasto alcanza niveles insondables, las palabras y advertencias de estas tres pioneras libertarias son más importantes que nunca. Los libertarios de hoy tienen un papel crucial que desempeñar para seguir defendiendo el individualismo frente al colectivismo.

Como nos recuerda Rand en La Rebelión de Atlas, cada uno de nosotros puede crear el mundo que desea: “No dejes que tu fuego se apague, chispa a chispa irremplazable, en los pantanos sin esperanza de lo que está por venir, lo que aún no es, lo que todavía queda, lo que no es del todo. No dejes que el héroe de tu alma perezca en la frustración solitaria por la vida que merecías, pero que nunca has podido alcanzar. Examina tu camino y la naturaleza de tu batalla. El mundo que deseas se puede ganar, existe, es real, es posible, es tuyo”.

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