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Donald Trump - CPAC - El American

Trump deja claro en CPAC que sigue siendo el líder del movimiento conservador

Trump lanzó en CPAC la siguiente etapa de su narrativa política, la del héroe que busca reivindicación y justicia, respaldado en la lealtad de su movimiento

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Trump entró ayer al escenario de CPAC, la Conferencia de la Acción Política Conservadora, para confirmarle a todos que sigue siendo el líder del movimiento conservador y que aun fuera de la Casa Blanca, es la figura más relevante que ha tenido el Partido Republicano desde Ronald Reagan. Así de claro.

Trump: fuera de la Casa Blanca, pero no derrotado

El 6 de enero, tras la absurda irrupción de algunos de sus simpatizantes en el Capitolio, las maquinarias políticas de los demócratas (e incluso de muchos liderazgos del Partido Republicano) se pusieron en marcha a todo vapor, para transformar ese error en la tumba política del entonces todavía presidente. Por un momento parecía que lo habían logrado: Trump quedó fuera de las redes sociales, enfrentó una andanada de declaraciones de distanciamiento y un nuevo proceso de impeachment, que esta vez tenía posibilidades reales de ser aprobado en el Senado.

Sin embargo, incluso entonces, en el momento más difícil, la gente no lo abandonó. Conforme avanzó el mes de enero quedó claro que los republicanos no podían traicionarlo y salirse con la suya. En el camino hubo rumores sobre la formación de un tercer partido, visitas del Partido Republicano (RNC) para hablar con Trump en Mar-a-Lago y eventualmente un segundo impeachment fallido en la cámara alta.

Ahora, el 28 de febrero, apenas 8 semanas después del infame mitin afuera del Capitolio, Trump relanzó su carrera política en el corazón de Florida, ante un público que lo respalda completamente y que tiene la fuerza como para definir las formas y el camino del Partido Republicano en los años por venir. No llegó a CPAC como un guerrero derrotado que busca la calidez del retiro, sino como un general que reorganiza sus tropas después de una retirada estratégica, sin haber perdido ni la lealtad ni el entusiasmo de sus hombres… y mujeres, por supuesto.

La historia de Trump, apenas el segundo acto

En su discurso de aproximadamente una hora habló lo mismo de migración que de sus logros como presidente, el fraude que acusa en la elección de Joe Biden, la amenaza de las grandes empresas tecnológicas y de los traidores dentro del Partido Republicano, todo ello fiel a su estilo machacón y burdo, pero también emocional, auténtico y sumamente efectivo.

Cuando Trump habla, no da la impresión de simplemente ser un orador que recita lo que le indicó un asesor político, sino un jefe de pelotón, quizá un poco narcisista, pero valiente, capaz y leal, que le explica a sus soldados la verdadera situación del campo de batalla y les da confianza para perseverar en el combate.

Escucharlo en persona es interesante, emocional y casi teatral, quizá más parecido a la experiencia de una arena de lucha libre que a evento político tradicional. Con Trump los datos y las cifras están presentes, pero solo en una función de apoyo; lo importante son las historias.

La que contó Trump ayer es la historia de un presidente exitoso que reposicionó a los Estados Unidos y que defiende el orgullo de América, respaldado por los millones de integrantes de su movimiento; ese presidente quedó fuera de la reelección en 2020 debido a una injusticia fraudulenta de los traidores y el Partido Demócrata, pero está preparado para seguir peleando y derrotarlos nuevamente “por tercera vez” en 2024.

En pocas palabras, Trump logró ajustar su narrativa de tal forma que la derrota de las elecciones de noviembre del 2020 no sea percibida al interior de su movimiento como el cierre trágico del tercer acto de una película sin final feliz, sino tan sólo como el final del segundo acto, donde el héroe enfrenta un momento de oscuridad y dificultades, que habrá de superar para darle vida a la conclusión gloriosa de la narración en un eventual tercer acto cuyo punto culminante serían las elecciones del 2024.

Antes del 3 de noviembre del año pasado, el 2024 no aparecía en el plan del movimiento de Donald Trump, porque todos daban por sentado que sería reelecto y en todo caso para 2024 se pensaba e Ivanka o en Donald Trump Jr., sin embargo, ahora para millones de americanos el regreso glorioso de Trump en 2024 es algo tan evidente como el sol sobre sus cabezas.

Lograr ese giro en su movimiento, sin perder autenticidad en el camino, es una pieza de orfebrería política verdaderamente extraordinaria, aunque, por supuesto, no significa que todo el Partido Republicano se encuentre bajo el “hechizo” de Trump. Para muchos dirigentes y militantes locales, el estilo populista -y a veces chovinista- que se ha convertido en el sello de Donald es casi insoportable, pero van a tener que aguantarse, porque no hay ningún político conservador cuyo respaldo se acerque siquiera a la intensidad y a la lealtad que demuestran los simpatizantes del presidente número 45.

Y eso nos lleva a uno de los principales aprendizajes de todo este proceso. Muchos pensaban que, ya que el encanto de Trump estaba cimentado en su imagen aspiracional del triunfador americano, la derrota electoral lo “desautorizaría” ante los ojos de sus seguidores. Más o menos el argumento iba así: “Verán que el “mesías” sangra, y entonces se desencantarán de él”, pero lo que esos analistas no entendieron (porque no saben ni de religión, ni de historias, ni de política) es que la vulnerabilidad vuelve más atractivo al líder. Los seres humanos respaldamos al héroe justamente porque sabemos que no es invencible, y que está en riesgo, pero aun así persevera, y creemos que eventualmente ganará.

El movimiento ya está comprometido con Trump de cara al 2024. Imagen: El American/G. Garibay
El movimiento ya está comprometido con Trump de cara al 2024. Imagen: El American/G. Garibay

Así Donald inicia una nueva etapa, al mismo tiempo humanizado en la derrota y fortalecido en el respaldo de su movimiento. Quedó muy claro: los activistas, los que hacen campaña, los que visitan puerta por puerta, los que le dan vida al Partido Republicano, están comprometidos con Trump, porque perciben de él ese mismo compromiso y esa lealtad auténtica que ni en 100 vidas podría proyectar por ejemplo un Mitch McConnell (a pesar de todas sus indiscutibles virtudes políticas).

En 2015, cuando las aspiraciones presidenciales de Trump daban sus primeros pasitos, consiguió apenas el 3.5% de los apoyos en la tradicional encuesta de CPAC, muy por debajo de Rand Paul, que en la cima del “libertarian momento” encabezó aquel ejercicio con más de un 25 % de los apoyos. Mucho ha cambiado en estos 6 años y quizá mucho más cambie de aquí al 2024, pero hoy, con 97 % de aprobación, 95 % de respaldo a su camino para el partido y 55 % de los apoyos en la encuesta para las próximas elecciones presidenciales, Donald J. Trump es el candidato del pueblo conservador, para bien o para mal.

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