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Juicio político, Libertad de Expresión, Trump, El American

Trump, Twitter y la libertad de expresión

El free speech y la libertad religiosa, como se las entendía en un contexto liberal clásico, ya se perdieron

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Volviendo al tema que tantos debates ha ocasionado últimamente, creo que hay un aspecto muy importante para entender qué está ocurriendo.

Las libertades individuales, tales como libertad de expresión, religiosa, de enseñanza y de asociación, no fueron concebidas primero in abstracto y luego plasmadas in concreto. Surgieron de una circunstancia histórica en la que había un consenso generalizado, tácito pero muy básico como horizonte cultural, donde casi todos (excepto los criminales) asumían el respeto mutuo de formas de vida y de pensar diferentes, y que el sujeto de derechos era cada persona en particular o asociada libremente con otras.

Ese fue el contexto fundacional de los Estados Unidos, donde miles de inmigrantes católicos, protestantes, judíos y librepensadores huyeron de una Europa enloquecida para vivir en paz bajo el contexto del common law. Es lo que antiguamente era la “concordia” civil.

No lo sabían, pero de ese modo fundaron las bases de lo que iba a ser la Declaración de Independencia, la Constitución Federal y la Declaración de Derechos. En ese momento sí que se entendía lo que quería decir “free speech”, más allá de la dicotomía entre lo privado y lo público. Era un consenso cultural de respeto al “disidente”, esto es, al que tiene otra cosmovisión. Por supuesto, todos sabemos del “barro de la historia”, ese pacto comenzó mal, con el tema de la esclavitud, que seguimos pagando hasta hoy.

Ese tipo de pacto político liberal clásico, se corta cuando un grupo asume el monopolio de la Nación, el Estado, la raza superior o la clase explotada contra la clase explotadora. En todos esos casos, la convivencia con “el otro” es imposible, porque el otro es precisamente el que no permite la convivencia entre “los justos”.

Esos son los colectivismos ontológicos que impiden una sociedad libre. Los “colectivos explotados” por definición, no pueden admitir la convivencia con el explotador. Es una lucha sin cuartel donde el explotador debe ser eliminado.

A veces esos grupos afirman claramente que en ese caso las libertades de expresión, entre otras, ya no tienen sentido. Otras veces, como sucede actualmente, los colectivos explotados mantienen aparentemente los términos, pero el fondo cambia. Los supuestos delitos de odio y discriminación les permiten perseguir el “hetero-patriarcado capitalista explotador”.

Eso es lo que ha estado pasando desde 1945 en adelante en los Estados Unidos, a medida que esa forma de pensar se extendía. Independientemente de la dicotomía entre lo privado y lo público, la persecución al disidente, esto es el explotador, se intensificó.

Los liberales clásicos, los conservadores, los creyentes en religiones conservadoras, fueron perdiendo gradualmente sus posiciones. Fueron sistemáticamente perseguidos no por un Estado, sino por las personas que creían estar en el colectivo explotado, y cuando el sistema penal incorporó los delitos “de odio y discriminación”, fueron perseguidos con denuncias penales consecuentes.

El Estado Federal y los Estados no necesariamente, (aunque ahora sí), lo hacían. Editoriales, universidades, clubes, entre otros, eran los encargados de hacerlo. Si sos el explotador, “te cancelan”. Es lo que Axel Kaiser ha llamado La neo-inquisición.

Y ahora, finalmente, las big tech.

En este drama cultural, en el cual ya se ha perdido el pacto político originario, la dicotomía entre lo público y lo provado, según Rothbard, para diagnosticar lo que sucede, ya es insuficiente. En todo Occidente, hoy, no sólo en Estados Unidos, los que pensamos diferente al marxismo dominante ya no tenemos free speech como antes se lo entendía, porque hemos pasado a ser el colectivo explotador al que hay que eliminar.

Si el explotado que te persigue es público o privado, según lo legal, no es suficiente para entender qué está sucediendo. Lo que está sucediendo es que el pacto liberal clásico, según el cual el free speech tenía sentido, se ha cortado.

Por supuesto, bajo todo eso, la persecución moral y legal a Trump como un White supremacist intolerable, es la guinda del helado de último momento, pero habrá otras guindas y otros helados de igual sentido cultural.

Libertad de Expresión, Trump, Twitter
“Otras veces, como sucede actualmente, los colectivos explotados mantienen aparentemente los términos, pero el fondo cambia. Los supuestos delitos de odio y discriminación les permiten perseguir el “hetero-patriarcado capitalista explotador”. (Flickr)

El free speech y la libertad religiosa, como se las entendía en un contexto liberal clásico, ya se perdieron.

Asumámoslo: sin un nuevo pacto político originario, esos derechos no existen más. Los disidentes seremos tolerados en diversos grados. Con suerte, tolerados. Nunca aceptados como parte de la nueva Pax Romana Biden-China-ONU, junto con sus socios europeos.

¿Cómo re-comenzar de vuelta? Sólo Dios lo sabe.


Gabriel Zanotti es Dr. en Filosofía (UCA). Lic. en Filosofía (Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA). Titular del seminario de Epistemología de Eseade y co-titular de este mismo seminario en el CEMA y en la Universidad Austral.

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