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La última merienda de Derechita Cobarde

La última merienda de Derechita Cobarde

La derechita cobarde se oculta en los partidos, la prensa y los grupos empresariales. En todos los países promete consenso pero resulta en derrota y en dolor.

Derechita Cobarde no es un mal tipo. Algunos incluso dicen que es buena persona. Es simpático, bueno para conversar y dice que tiene valores. Es razonablemente culto, católico lector, con varias encíclicas en su biblioteca personal y le gusta presumir que sabe mucho de solidaridad y humanismo. Maneja una ideología socialdemócrata, pero la disfraza de democracia cristiana.

Derechita es un tipo tranquilo. Cuando la izquierda lo acusa de retrógrada o de fascista, él baja la cabeza, esperando que no lo critiquen mucho, y si habla es para alegar que él está en onda y es moderno, pero nada más un poquito menos que los progres. Básicamente le pide a la izquierda que le den permiso de ser tantito conservador y se agacha cuando los progres le niegan ese permiso y lo humillan una vez más.

Lo que enoja a Derechita Cobarde

Sin embargo, hay algo que lo saca de quicio y le hace perder su natural sangre tibia: ver a Trump, a Bolsonaro, a José Antonio Kast o a Santiago Abascal. Cuando se los topa en el periódico o la televisión, los mira con reprobación y los critica por radicales, por hoscos, por agresivos, por no pedir permiso, como él.

La derecha valiente le resulta mucho más dolorosa que la propia izquierda, porque estos personajes le recuerdan a Derechita, de manera clara e indiscutible, que hay un camino viable para luchar frontalmente contra la agenda de la izquierda; una parte de él quisiera sumarse a esta lucha. Pero no puede, porque es cobarde.

Derechita Cobarde justifica cada una de sus derrotas y de sus alianzas explicando que logró una pequeña concesión de la izquierda, aunque a cambio haya cedido algo mucho mayor. Presume orgulloso el centímetro de agenda que ganó, a cambio de los kilómetros que dejó perder.

Lo que anhela Derechita Cobarde

A veces intenta convencerse de que su prioridad son los valores y la bondad, pero no es cierto. En el fondo, lo que le interesa es ser reconocido, aplaudido por la izquierda y celebrado por el sistema al que (de dientes afuera) jura rechazar.

Cada migaja de aprobación que le arroja la progresía se convierte para él en el mayor de los manjares. Cuando a Derechita Cobarde le dicen “es que tú si eres razonable”, “es que contigo sí se puede dialogar” su pecho se inflama y se enorgullece más que en cualquier otra situación, porque en el fondo lo que le importa es ser popular y lo que realmente quisiera es ser izquierdista. Pero no se anima a cambiarse, porque es cobarde.

A veces ha sido político. De vez en cuando ha sido candidato e incluso en alguna ocasión ganó las elecciones. Llegó al poder con muchas ideas, pero no consolidó nada y lo poco que reformó lo hizo siguiendo agendas ajenas, aunque no lo reconozca siquiera para sí mismo.

¿Y en su casa? Ahí siguen viviendo 4 de sus 6 hijos: uno es artista, aunque lo único que vende es un par de carrujos de marihuana; otros son sociólogos, pero no trabajan porque eso sería explotación capitalista; la más joven es activista proaborto y una más terminó convertida en feminista radical, por lo que todo el tiempo pelea con su otro hermano, que ahora es trans.

Derechita no entiende qué pasó: después de todo él siempre les pagó las mejores escuelas “católicas” y, sin embargo, después de secundaria preparatoria y universidad con los jesuitas, sus retoños salieron ateos, revolucionarios y socialistas, sabe Dios por qué.

Ahora, la única religión que viven es por darle un pequeño gusto a él. Cuando sus hijos van a visitar a Derechita en su despacho, para pedirle dinero y poder irse de juerga, siempre le aceptan la bendición que reciben con resignado desprecio. A veces hasta lo llevan a misa, y puntualmente pasan a recogerlo afuera del templo dos horas después.

La última merienda de Derechita Cobarde. Photo by Eduardo Vázquez on Unsplash

La última merienda de Derechita Cobarde

En su último día, Derechita salió en su automóvil a pasear por la calle, luciendo en el parachoques la infaltable pegatina del Partido Popular español, al lado de la Cambiemos con todo y foto de Macri y, un poquito más desgastada, otra del mexicano Acción Nacional.

Derechita regresa a casa mientras cae el sol, prepara un café descafeinado y lo toma mientras escribe un último artículo, igualmente descafeinado. Luego, cocina la merienda con porción para uno, pues todos sus hijos están de fiesta y él, tras divorciarse de su primera esposa, (por un tema de principios: él carecía de ellos) lo único que ha conseguido son 2 o 3 alianzas que apenas le duran una campaña y lo dejan con el corazón roto, la cartera vacía y el cuerpo cansado.

¡Cómo anhela poder merendar un poco de esa dulce aprobación de los progres! pero esta tarde nada hay mas que el amargo sabor de las victorias que convirtió en fracasos, como aquel 2000 en México, aquel 2011 en España o aquel 2015 en Buenos Aires, una última merienda que sabe a burla y a derrota.

Derechita dirige la mirada a la repisa y observa sus fotos con Vicente Fox, con Mariano Rajoy, con Mauricio Macri: todos sonrientes, todos fracasos, que silencia con otro sorbo de café, hasta que en el soledad de su cama y en el silencio de la noche ya no encuentra cómo distraerlos.

En el fondo él sabe que su cobardía condenó al país; Que llegó al poder y optó por administrarlo aferrado a la misericordia de una izquierda que nunca lo adoptó como suyo, mientras traicionó a la derecha cuyos valores usurpó para alcanzar ese mismo poder.

Él sabe que su miedo a perder las migajas que le arroja la progresía lo ha convertido en un ser grotesco, en un centrista desabrido e irrelevante; así se disfrace de Partido Acción Nacional en México, de Partido Popular en España, de Cambiemos en Argentina o de Piñera en Chile.

Derechita lo sabe e incluso por un momento quisiera cambiar, pero no lo hará; porque, sobre todo, él es un cobarde.

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  1. Excelente artículo. Narra de manera excepcional como la cobardía disfrazada de consenso y moderación de los supuestos líderes de la derecha latinoamericana terminaron por prepararle el camino de flores a la izquierda, quienes hoy disfrutan a sus anchas la vuelta al poder y amenazan con quedarse por años.

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