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La buena noticia es que AMLO puede perder

La buena noticia es que AMLO puede perder

México está a 40 días de las elecciones intermedias y AMLO puede perder su control sobre la Cámara de Diputados, lo que frenaría la consolidación autoritaria

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México está a medio camino entre la tiranía y la salvación, pero la buena noticia es que AMLO puede perder. Conforme nos acercamos a las cruciales elecciones intermedias del próximo 6 de junio, las agendas políticas aceleran el paso y parecen precipitarse hacia su objetivo. Hace unos meses, el triunfo del oficialismo parecía casi inevitable; hoy, la oposición tiene posibilidades reales de arrebatarle a López Obrador el control de la Cámara de Diputados, recuperar el control de la mayoría de los congresos locales y mantener incluso la mitad de las gobernaciones en disputa, lo que sería un golpe potencialmente letal para el naciente régimen.

Desde su oficina en Palacio Nacional, el presidente López Obrador y su equipo también han notado este cambio en los vientos. Su reacción ha consistido en acelerar el paso en su estrategia para derrumbar los contrapesos y revivir la presidencia imperial, de tan infames resultados a lo largo de la historia mexicana.

En los últimos meses, AMLO muestra cada vez más su verdadero rostro, el de un autócrata que se considera a sí mismo por encima de las leyes, literalmente. Así lo dijo en su conferencia del pasado 20 de abril, cuando le reclamó al Instituto Nacional Electoral por pedirle que cumpla con la ley, señalando que “mi derecho de manifestación es mi libertad y eso está por encima de cualquier otra disposición o reglamento”.

Por encima de cualquier otra disposición o reglamento

Esa convicción de que el capricho del presidente está por encima de las leyes va mucho más allá de una declaración al calor de la polémica, es un auténtico modus operandi de su administración y del movimiento político que la respalda. Llegan incluso al punto del absurdo, como ocurrió el 23 de abril, cuando la Cámara de Diputados aprobó un artículo transitorio que amplía a 6 años el periodo del ministro Arturo Zaldívar como presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Hay dos problemas con eso:

Primero: la ampliación viola abierta, directa e incuestionablemente el artículo 97 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que ordena un período de 4 años.

Segundo: la reforma parece ser el “prototipo” con base en la cual López Obrador eventualmente plantearía otro artículo transitorio para ampliar su propio período como presidente de la República y mantenerse en el poder mucho más allá del 7 de octubre del 2024, (fecha en que constitucionalmente está obligado a entregar la presidencia).

Por lo pronto, la oposición intentará impedir el atropello presentando una acción de inconstitucionalidad contra la ampliación del mandato de Zaldívar, que irónicamente será resuelta por la propia Suprema Corte de Justicia de la Nación presidida por el ministro de marras.

Con idéntico desprecio a la constitución y a los acuerdos internacionales firmados por México, el 22 de abril el Senado aprobó una serie de reformas a la Ley de Hidrocarburos que en la práctica reviven el nefasto monopolio de PEMEX, amenazando de muerte la recién nacida industria privada de dicho sector. Apenas unos días antes la misma cámara alta dio su aval a la creación de un distópico padrón nacional de usuarios de telefonía móvil, que obligará a los usuarios a entregar su información biométrica para tener una línea de teléfono celular, con todos los riesgos que ello implica.

Ambas reformas serán combatidas con una lluvia de juicios de amparo ante el Poder Judicial que eventualmente habrán de definirse, justamente por los ministros de la Suprema Corte a cuyo presidente el oficialismo quiere beneficiar de manera igualmente ilegal.

AMLO puede perder

A pesar de todas estos atropellos, sumados al pésimo manejo de la pandemia, las torpezas económicas, la escasez de medicamentos, el entrometimiento del ejército en la vida civil y otras tragedias constantes de las que hemos conversado previamente, la popularidad del presidente está en su mejor punto en lo que va del año: 61.5 % de acuerdo con Consulta Mitofsky.

Sin embargo, la popularidad personal del presidente no garantiza el triunfo de su partido. Las mismas encuestas que hace unos meses apuntaban hacia un rotundo triunfo del oficialismo encabezado por Morena, hoy muestran una imagen mucho más matizada. Por ejemplo, la encuesta más reciente de Massive Caller (13 de abril) le otorga 256 diputados federales al oficialismo, contra 244 de la oposición.

A este paso, Obrador no sólo perdería la mayoría calificada que necesita para aprobar reformas constitucionales, sino que incluso pudiera quedarse sin la mayoría simple que requiere para aprobar el presupuesto. Por eso está tan exaltado, apostando al conflicto para amedrentar a sus rivales y movilizar a sus seguidores de cara a las elecciones.

Algo similar ocurre con las gobernaciones. El 6 de junio renuevan gobernador 15 de las 32 entidades del país; hace un año, el oficialismo ganaba en 14 de ellas (sólo Querétaro era para el centroderechista Partido Acción Nacional). Ahora los opositores ya muestran una sólida ventaja en 6 estados, incluyendo Nuevo León, que es el corazón industrial del país, y pudieran sumar otros 2 o 3 más en las semanas que faltan de aquí a la elección.

La oposición, en campaña para impedir el pleno dominio del oficialismo en todo el país. Saben que AMLO puede perder. Imagen: Twitter
La oposición, en campaña para impedir el pleno dominio del oficialismo en todo el país. Saben que AMLO puede perder. Imagen: Twitter

¿Qué está pasando?

Algunos obradoristas comienzan a darse cuenta de que darle todo el poder al presidente no es buena idea. Sin embargo, en la mayoría de los casos el viraje en favor de los opositores tiene mucho más que ver con el ámbito local.

Para ganar la presidencia, López Obrador construyó un movimiento político encabezado por Morena, donde reunió a todo tipo de “liderazgos”, muchos de ellos sacados de lo peor de la vieja política. El resultado es que ahora hay muchos municipios, distritos y estados donde los candidatos del oficialismo son vistos con desconfianza por el pueblo, incluso por el pueblo obradorista.

A esto hay que añadirle los incesantes conflictos al interior del oficialismo. En cada región hay varios grupos políticos que se pelean con uñas y dientes (y, a veces, balazos) el control de Morena. Muchos de ellos están dispuestos a dañar las posibilidades de su propio partido siempre que eso les permita debilitar a sus rivales internos.

La cereza en el pastel es la epidemia de incompetencia que ya hemos analizado en el gobierno federal y que también se vive entre los operadores políticos. Para ganar elecciones se necesitan estructuras, al igual que el dinero, la logística y la habilidad para movilizarlas de manera efectiva, primero en campaña y luego a las casillas.

Morena tendrá el dinero, pero carece de la capacidad logística (y, en muchos casos, del talento) para llevar a sus huestes a votar, especialmente esta vez que AMLO no va en la boleta. Por el contrario, la alianza opositora cuenta no sólo con los viejos lobos de mar, sino también con la disciplina partidista indispensable para la movilización electoral.

El resultado es una contienda electoral mucho más pareja de lo que se hubiera esperado hace unos meses, donde la oposición tiene posibilidades muy reales de parar a un régimen cuya tiranía se vuelve cada vez más evidente, en la desesperación de AMLO por cimentar su propio poder antes de que pierda la mayoría parlamentaria que hasta ahora le ha permitido gobernar esencialmente por decreto, usando al congreso como una mera oficialía de partes.

Sí, México está a medio camino entre la tiranía y la salvación, y las próximas semanas serán definitivas, de vida o muerte para la democracia, para las instituciones, para la ley y para la libertad de millones de personas, ante un régimen que ha decidido ir más allá del retroceso autoritario y apostarle al totalitarismo a la venezolana.

Por lo pronto, dentro de todo lo malo, la buena noticia es que AMLO puede perder.

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