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Beijing acelera su proyecto imperial africano

Beijing acelera su proyecto imperial africano

“Estados Unidos no puede ignorar África. Los desafíos, oportunidades e intereses de seguridad de África son inseparables de los nuestros”, declaró el 15 de marzo el general Stephen Townsend, comandante del Comando Americano en África, en una audiencia del Senado. En África, explicó Townseld, Beijing en alianza con Moscú gana poder blando y duro mediante inversiones que le garantizan “influencia política, acceso estratégico y ventaja militar” en un esfuerzo paciente para conquistar el continente.

En mayo de 2021 Townsend ya advertía que: “Los chinos están superando a los Estados Unidos” porque Beijing ha seleccionado países clave de África para desarrollar proyectos portuarios, infraestructura y acuerdos que le garantizan un mayor acceso a los recursos de África en el futuro. Y en 2020 la Comisión de Revisión Económica y de Seguridad de Estados Unidos y China reportaba en su informe al Congreso que:

“China depende de África en importaciones de combustibles fósiles e insumos críticos para productos tecnológicos emergentes. Beijing ha aumentado su control de productos básicos africanos a través de inversiones estratégicas directas en campos petroleros, minas e instalaciones de producción y mediante préstamos con pagos en productos. Ese control amenaza la capacidad de las empresas americanas para acceder a suministros clave” y, lo que es peor, para Beijing África sería “un campo prueba para exportar su modelo de crecimiento económico dirigido por el Estado bajo un gobierno autoritario de partido único”.

Y este año Beijing intensificó su diplomacia africana. A principios del año el ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi visitó Eritrea, Kenia y las Comoras y en marzo mantuvo conversaciones bilaterales con los gobiernos de Argelia, Egipto, Somalia, Gambia, Níger, Tanzania y Zambia. Xi Jinping sostuvo es mes una conversación telefónica con el presidente sudafricano, Cyril Ramaphosa, tras la que Ramaphosa confirmó su apoyo a Beijing sobre Taiwán, el Tíbet y otros “asuntos importantes”.

El comercio entre China y África ha aumentado. A 187 mil millones de dólares en 2020 y a 254 mil millones en 2021. Beijing incrementó sus inversiones extranjeras directas (IED) anuales en África de 75 millones en 2003 a 4,200 millones en 2020. La Escuela de Estudios Internacionales Avanzados de la Universidad Johns Hopkins señala que las IED de China en África superan a las de Estados Unidos desde 2013.

Beijing acelera su proyecto imperial africano
“China depende de África en importaciones de combustibles fósiles e insumos críticos para productos tecnológicos emergentes”. (Chinese Kid by Akiwitz-Flickr)

40 de los 54 países de África participan en la Iniciativa de la Nueva Franja y Ruta de la Seda (BRI), un proyecto imperial global de infraestructura y desarrollo económico que Beijing inició en 2013. La iniciativa del cinturón y la ruta de la seda proyectan una red económica y de infraestructura que conecte a China con Europa mediante tres ramales. Un ramal que de Asia Central se dividiría en dos por Rusia hacia Europa Oriental y por Asia Central y el sur de Rusia al Mar Negro y el Mediterráneo y otro ramal marítimo que a través de África y el Medio Oriente se extienda hacia Europa y proyecte al Atlántico. Por esa ruta marítima Beijing persigue una hegemonía militar sobre el Sudeste de Asía que se proyecte hacia todo el Indo-Pacífico, e incrementa su influencia estratégica en África.

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Según el investigador del Centro para el Desarrollo Global en África, Gyude Moore, de mantenerse la tendencia actual para 2040 el déficit de carreteras en África sería de 60 mil kilómetros y el de ferrocarriles de 30 mil. Por eso Beijing conquista África con inversiones en infraestructura y minería que fortalecen a los autoritarismos africanos y aceptan su corrupción. Pero Washington responde tarde y mal con una fallida iniciativa como Build Back Better World que, según la hoja informativa de la propia administración Biden, deja de lado las inversiones en infraestructura que tendrían impacto real y se concentra en cuatro áreas de enfoque como clima, salud y seguridad sanitaria, tecnología digital y equidad e igualdad de género.

Beijing sateliza a gobiernos autoritarios africanos garantizándoles un modelo autoritario afín, acceso al creciente mercado chino e inversiones masivas en la infraestructura que África necesita. Washington intenta imponer su agenda ecologista y de género sin ofrecer siquiera inversiones tangibles. ¿Qué podría salir mal?

Guillermo Rodríguez is a professor of Political Economy in the extension area of the Faculty of Economic and Administrative Sciences at Universidad Monteávila, in Caracas. A researcher at the Juan de Mariana Center and author of several books // Guillermo es profesor de Economía Política en el área de extensión de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Monteávila, en Caracas, investigador en el Centro Juan de Mariana y autor de varios libros

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