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Biden nomina a simpatizante del socialismo soviético para cargo en la Reserva Federal

Saule Omarova admite abiertamente que las reformas que propone “acabarán efectivamente con la banca tal y como la conocemos”

Por Brad Polumbo

Muchos de los nominados por el presidente Biden han sido confirmados discretamente sin mucha lucha. Sin embargo, la candidata a la Contraloría de la Moneda, Saule Omarova, está provocando reacciones negativas por sus opiniones económicas extremistas. El senador republicano Pat Toomey, un conservador fiscal acérrimo, dijo que “nunca ha visto una elección más radical para un puesto regulatorio en nuestro Gobierno federal”. 

¿Qué es lo que está provocando este inusual nivel de rechazo a esta nominación para un puesto regulador de alto nivel?

Bueno, Omarova tiene una formación educativa e ideológica inusual que, junto con sus numerosas declaraciones públicas, sugiere que simpatiza —si no apoya abiertamente— el modelo económico estatal que dominó en la antigua Unión Soviética, donde creció. Omarova asistió a la Universidad Estatal de Moscú con la “Beca Académica Personal VI Lenin”, siendo autora de una tesis sobre el pensamiento marxista que hasta ahora se ha negado a proporcionar a la Comisión Bancaria del Senado.  

Esta formación en sí misma no debería ser descalificadora: muchos, como yo, estudiaron en universidades marxistas o de extrema izquierda y, sin embargo, llegaron a apreciar la importancia del libre mercado. Pero Omarova parece haber aprendido todas las lecciones equivocadas de sus experiencias personales y académicas en la Unión Soviética.

“Hasta que llegué a Estados Unidos, no podía imaginar que cosas como la brecha salarial por género todavía existían en el mundo actual”, escribió Omarova en un tuit del 2019. “Digan lo que quieran sobre la antigua URSS, allí no había brecha salarial por género. El mercado no siempre ‘sabe más’ “.

Sin embargo, pronto se retractó del comentario.

“Nunca afirmé que las mujeres y los hombres fueran tratados absolutamente por igual en todas las facetas de la vida soviética”, dijo en un tuit que seguía, después de que muchos usuarios de Twitter señalaran las muchas maneras en que las mujeres y todas las personas, eran oprimidas en la Unión Soviética. “Pero los salarios de las personas eran fijados (por el Estado) sin distinción de género. Y todas las mujeres recibían prestaciones de maternidad muy generosas. Ambas cosas siguen siendo una quimera en nuestra sociedad”. 

Así es: Olvídese de los gulags, el estancamiento económico, la escasez y la opresión política: Omarova sigue creyendo que la antigua economía soviética es un modelo para Estados Unidos, al menos en algunos aspectos. Tal vez lo más inquietante sea que una de esas formas en que Omarova favorece el sistema soviético es la banca: el mismo sector que ha sido nominada para supervisar. 

En sus trabajos anteriores, Omarova respaldó propuestas radicales de control y regulación gubernamental del sector bancario. En un documento titulado The People’s Ledger, aboga por una “democratización sistemática de las finanzas” en la que los ciudadanos tengan cuentas bancarias del gobierno en la Reserva Federal que “sustituyan totalmente —en lugar de competir con— los depósitos bancarios privados”. Omarova admite abiertamente que su “propuesta de reforma acabará efectivamente con la banca tal y como la conocemos”. 

Defiende la emisión de un “dólar digital” y “la migración simultánea de todas las cuentas de depósito de transacciones de los bancos privados a la Reserva Federal”. La candidata afirma que esto permitiría al Gobierno federal administrar mejor los planes de redistribución del bienestar a través de “inyección de capital” en las cuentas bancarias y permitiría al gobierno controlar mejor los tipos de interés en toda la economía. 

Omarova también argumenta que el hecho de que el gobierno se haga cargo de la banca privada permitiría a la Reserva Federal “adoptar un papel más directo y proactivo en la asignación del crédito a la empresa económica productiva”, incluso tratando de controlar los “precios sistémicamente importantes”. 

En pocas palabras, haría que burócratas independientes e irresponsables de la Reserva Federal trataran de planificar la inversión económica e intentaran fijar los precios claves. Este es un esquema tecnocrático del siglo XXI que encarna, no repudia, la fallida economía socialista de la que Omarova escapó en la Unión Soviética.

Los defensores de Omarova argumentan que la candidata es víctima de una “campaña xenófoba, al estilo McCarthy” porque es una “mujer inmigrante de color” que amenaza los intereses de Wall Street. Por lo tanto, permítanme ser claro: ni su origen inmigrante ni sus características ligadas a su identidad influyen en su idoneidad para ser nombrada Contralora de la Moneda.

Sin embargo, los americanos que están a favor del libre mercado y aprecian el sistema capitalista que nos ha traído una riqueza y un nivel de vida sin precedentes tienen todo el derecho a estar preocupados con esta candidata. La clara simpatía de Omarova hacia algunas facetas del fracasado y represivo régimen soviético, su apoyo a una nacionalización de facto de la banca privada y su peligroso deseo de ampliar el papel federal en la planificación de nuestra economía son totalmente descalificadores para una función reguladora tan importante.

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