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La catedral de Notre Dame será reconstruida de manera “políticamente correcta”

Vitral de Notre Dame en riesgo de convertirse en Disneylandia, un riesgo de occidente. Imagen: Unsplash

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Duele reconocerlo, pero la identidad de Occidente está siendo reemplazada por un cascarón vacío cuyas tradiciones permanecen solo como el sustituto en cartón de aquellos edificios espirituales, sociales y políticos que se sostuvieron sólidos durante más de mil años. Ahora se convierten en polvo bajo la constante erosión de nuestros tiempos. Y un ejemplo muy claro es el de la catedral de Notre Dame.

Notre Dame, convertida en altar ecológico

Hace unos días, el 26 de noviembre, el diario Británico Telegraph publicó la alarmante noticia de que los trabajos de renovación de la histórica catedral francesa no la regresarán a sus tiempos de gloria, sino que aprovecharían la oportunidad para “modernizarla”.

Sí, el exterior de la iglesia será restaurado a su forma previa al incendio de hace un par de años, pero, según el diario inglés, su interior será transformado en un “Disneylandia políticamente correcto” que reemplazará altares y confesionarios con “espacios emocionales”.

El grotesco proyecto de luces y proyecciones, con mensajes ecológicos incluidos e impulsado nada menos que por el arzobispo de París, no es solo un crimen contra la historia, la arquitectura y la identidad de la ciudad luz, sino también un dramático reflejo de una realidad que abarca a buena parte de la religión, la familia y la patria de nuestros países.

Notre Dame en riesgo de convertirse en Disneylandia, un riesgo de occidente. Imagen: EFE/EPA/YOAN VALAT
Convertirse en Disneylandia, un riesgo de Notre Dame y de occidente. Imagen: EFE/EPA/YOAN VALAT

El cascarón plastificado de Occidente

El Telegraph cita al arquitecto francés Maurice Culot, quien explica que “es como si Disney entrara a Notre Dame… Es una especie de parque temático, infantil y trivial”. Ese diagnóstico de “temático, infantil y trivial” –en el que las fachadas permanecen como un vestigio curioso o un mero legado estético vacío de significado– puede aplicarse a muchos otros aspectos de la identidad de Occidente.

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Van dos ejemplos:

  • El matrimonio: Las parejas occidentales gastan miles de dólares en ceremonias de boda que son poco más que una pantomima de las celebraciones antiguas. Se juran amor eterno frente a amigos, familiares y algún sacerdote, pastor o ministro sin denominación, pero nadie de los que está ahí (empezando por el oficiante) espera que ese juramento sea cumplido en serio.

Novios, cura e invitados saben que más de la mitad de los matrimonios terminan en divorcio y que, en caso de que así sea, los contrayentes no enfrentarán ninguna consecuencia social o jurídica por incumplir su juramento de amor eterno (a excepción de las que correspondan por pensión alimenticia).

El matrimonio queda por lo tanto desprovisto de su sentido trascendente y de su vinculación con la tradición e identidad colectiva de la que inicialmente se desprendió. Lo que permanece es, cada vez más, una fiesta y un recitado de votos en un lugar elegante. Es decir, el cascarón vacío, que incluso progresivamente queda abandonado en las familias de occidente.

  • La religión: El cascarón vacío se vuelve cada vez más obvio también en las propias estructuras cristianas. En buena parte del mundo los templos cerraron durante semanas o hasta meses a causa de la pandemia, sin que prácticamente nadie las echara de menos. El culto a Dios no fue declarado “actividad esencial” y casi nadie se indignó, muchas veces ni siquiera los pastores.

La incómoda verdad es que para cada vez más cristianos, con y sin sotana, la práctica religiosa es más un ritual de crecimiento personal y de “armonía con el mundo”, que una conexión con Dios. Actúan como si Dios no existiera, o al menos como si Dios no interviniera. Esa cristiandad convertida en un cascarón vacío se convierte después en escenario de proyecciones ideológicas. Es justamente lo que busca hacer las obispo de París en la catedral de Notre Dame.

Lo mismo pasa en los países de Occidente con el sentido de la nacionalidad, el género y muchos otros elementos de las identidades tradicionales. Permanecen los edificios, los detalles estéticos y el encanto de la ceremonia, pero la gente cada vez se los cree menos.

¿Cuál es la nueva civilización?

La nueva civilización, reemplazo de Occidente, está asentada sobre nuevos paradigmas, incluyendo en primerísimo lugar el de la personalización de las identidades. Tú puedes escoger (y construir a tu medida) tu género, religión, patria y política. Esto conlleva una multitud de problemas, empezando por el hecho de que si todos pueden ser todo, entonces las categorías pierden su sentido y se desconfiguran hasta el punto del absurdo.

Así es como llegamos a cambiar el término de “mujeres” por el de “personas gestantes”. También podemos ver a cientos de miles celebrando en TikTok el “bautizo” de un gato. Vemos cómo la pachamama se pasea por el Vaticano y el ecumenismo trascendente se degrada en la irrelevancia de un menú de signos espirituales destinados a verse bonitos aunque en realidad no importen.

Y vendrán cosas peores… O, al menos, diferentes.

Gerardo Garibay Camarena, is a doctor of law, writer and political analyst with experience in the public and private sectors. His new book is "How to Play Chess Without Craps: A Guide to Reading Politics and Understanding Politicians" // Gerardo Garibay Camarena es doctor en derecho, escritor y analista político con experiencia en el sector público y privado. Su nuevo libro es “Cómo jugar al ajedrez Sin dados: Una guía para leer la política y entender a los políticos”

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