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El apagón de Facebook y WhatsApp: ¿fallo técnico o preludio sospechoso?

Debemos ser conscientes de las ventajas del libre mercado y del paradigma disperso y descentralizado de Internet.

El pasado lunes 4 de octubre, durante unas seis horas aproximadamente, hubo un supuesto fallo técnico en la infraestructura de servidores que alberga los servicios de comunicación y social media como Facebook, WhatsApp e Instagram, todos ellos propiedad del empresario Mark Zuckerberg.

Por lo cual era imposible utilizar las soluciones en línea previamente mencionadas, las cuales, de acuerdo con el portal estadístico Statista, figuran entre las más utilizadas en el mundo. Respectivamente, en unidades de millón o millones, 2853 (sumemos los 1300 correspondientes al servicio Facebook Messenger), 2000 y 1386.

Los volúmenes de usuarios nos permiten corroborar una de las conversaciones más frecuentes en ese momento. Hubo una especie de “incomunicación parcial”, dado que son bastantes los usuarios de estas herramientas de social media, que rara vez acostumbran a simultanear el uso de aplicaciones alternativas con funcionalidades cuasi idénticas.

Esto llevó al uso de otras soluciones telemáticas alternativas durante ese “largo lapso” de tiempo. Además, se reportaron pérdidas económicas de más de cinco millones de dólares en el entorno de Zuckerberg, mermando esto también la labor de quienes dependen en gran medida de estas redes para desarrollar actividades económicas.

En cuanto a la búsqueda de conclusiones, que es lo habitual cuando hay un problema en cualquier entidad, para conocer las causas, tratar de resolver lo que corresponda y evitar reincidencias futuras, la “versión oficial” es que la caída “no fue causada por actividad maliciosa, sino por un error causado por nosotros mismos”.

No obstante, han surgido varias especulaciones, parcialmente motivadas por la evidencia de que las infraestructuras “afectadas” deberían de haber superado varias pruebas de estrés y rendimiento, dado que es evidente que el número de usuarios de las mismas es muy elevado (es más, conviene recordar que tienen centros de respaldo de datos en otras partes del orbe).

La estrategia Cyber Polygon del Foro Económico Mundial

Este verano, el fundador y máximo responsable del Foro Económico Mundial (más conocido por sus siglas en inglés, WEF, las cuales provienen de World Economic Forum), Klaus Schwab, afirmó lo siguiente: «necesitamos construir infraestructuras de IT que tengan anticuerpos digitales integrados inherentemente para protegerse a sí mismas».

Conviene recordar que en estos momentos, la campaña de vacunación contra el coronavirus codificado como COVID-19 o SARS-CoV-2 avanzaba, a distintas velocidades, en el mundo. La declaración oficial de “situación pandémica” tampoco había expirado, y ya se discutía sobre la “sociedad post-pandémica”.

De hecho, en el portal web del WEF se habla del evento Cyber Polygon, que ya tuvo lugar el pasado año 2020. Se trata, según explican, de «un evento de ciberseguridad único, que combina el mayor ejercicio de entrenamiento técnico para equipos corporativos y una conferencia online con oficiales destacados de organizaciones internacionales y corporaciones líderes».

En el mismo artículo hablaban de la edición 2021 de este evento, en la que se desarrollaría «un ejercicio técnico en el que los participantes perfeccionarían sus habilidades en la mitigación de un ataque de terceros [dirigido hacia una infraestructura conectada a la red de redes] a un ecosistema corporativo en tiempo real».

Todo podría sonar razonable, entendiendo que a medida que avanza la digitalización de la sociedad y de la economía, es lógico que haya más riesgos de ciberseguridad, igual que salir de fiesta de expone a otros riesgos. Empero, que hablen de una «digitalización global más acelerada» es bastante sospechoso.

Uno podría preguntarse si no es normal que estemos todos interconectados en estos tiempos. Pero yo respondería que hay que tener cuidado porque el WEF coopera en la promoción y aplicación de una agenda política que pretende consolidar, a modo de culminación revolucionaria, un Estado Único Global, inspirado en directrices socialistas lato sensu.

Lo que sí nos permitió evidenciar el supuesto “fallo técnico” de los servicios de Zuckerberg

No podemos aseverar, por ahora, que la caída previamente reportada fuera una estrategia intencionada con fines políticos y económicos. Pero tampoco podemos descartar que en algún momento se esté promoviendo, por parte de las esferas globalistas y socialistas, alguna estrategia basada en nuevas formas de opresión social y totalitarismo estatal.

Que el estatismo sea un fenómeno progresivamente problemático también queda corroborado en la medida en la que se pretende aprovechar la tecnología para hacer malos usos, que repercutan en una mayor “vigilancia excesiva” y planificación centralizada de la economía y de la sociedad (por supuesto, con mucha ingeniería social).

De todos modos, puestos a mirar las cosas por el lado positivo, hay que decir que la existencia de servicios alternativos permitió aminorar considerablemente el impacto de este “fallo técnico” en cuestión. Por poner un ejemplo, muchos usuarios pasaron a utilizar temporalmente Telegram, cuyos servidores llegaron a saturarse (en cierto momento era difícil visualizar archivos multimedia).

También hubo quienes pudieron “apañárselas” utilizando Twitter para hacer lo que tenían pensado hacer en esas horas en redes como Facebook e Instagram. Otros utilizaron el correo electrónico o las redes telefónicas para enviar SMS (mensajes de texto). Eso sí, no fueron estos los únicos ejemplos.

Y esto no fue sino una evidencia de los beneficios de la libertad de mercado, del amplio abanico de oportunidades que se proveen por medio de ese mecanismo natural que permite a la sociedad satisfacer sus necesidades (el mercado mismo). Si todo hubiera dependido de un punto exclusivamente único, el caos hubiera sido mayor.

Así pues, de momento, no se puede asegurar ninguna tesis alternativa sobre la caída de los servicios de Zuckerberg. Empero, sí que podemos estar alertas ante la insistencia de las hordas social-comunistas en erosionar más libertades concretas y ser conscientes de las ventajas del libre mercado y del paradigma disperso y descentralizado de Internet.

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