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‘Ghostbusters: Afterlife’ ¿Una copia barata woke o merece la pena verla?

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Ghostbusters: Afterlife, recién estrenada a finales de 2021, es una digna sucesora de las dos películas de los 80, rinde un sentido homenaje a las originales y a sus creadores, funciona como perfecto epílogo tardío para los personajes de aquella etapa, y además marca el camino para un prometedor futuro de la franquicia.

Sony Pictures Releasing

Últimamente Hollywood nos ha acostumbrado a esperar con escepticismo –incluso con pesimismo– este tipo de continuaciones de franquicias otrora veneradas. Los remakes, reboots y secuelas de demasiadas películas han sido muy decepcionantes como para mantener la ilusión y expectativas.

Este pesimismo viene avalado por el hecho de que no se trata de que lo hayan intentado y les haya salido mal, sino porque se puede percibir que hay una premeditación evidente por parte de Hollywood en convertir las franquicias que han sido fenómenos culturales en herramientas de propaganda woke.

Lo hemos visto con Star Wars fracasando al intentar meternos con cuchara el empoderamiento feminista, Terminator deviniendo en una lucha por la justicia social, The Matrix reducida a una metáfora de la transexualidad, o He-Man pretendiendo dar lecciones sobre masculinidad tóxica.

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Incluso la propia saga de Ghostbusters se vio atacada y casi herida de muerte por su reboot (sheboot) de 2016, en el que los cazafantasmas eran todo mujeres y su mensaje –tanto en la película como en la promoción– era meridianamente claro: esta película era una reivindicación política feminista que venía a deconstruir el supuesto machismo de las anteriores.

Por supuesto fue un fracaso y –cómo no– la culpa se le echó a los fans tóxicos. Esto de los fans tóxicos no es más que el eufemismo –y la excusa– que utiliza la izquierda para referirse a los que consideran como ultraderechistas, machistas, racistas, etc., cuando en realidad simplemente son fans a los que la película les ha parecido muy mala, cuando no insultante.

Ghostbusters: Afterlife y los 2 detalles que han enfadado a la crítica progre

Cuando en enero de 2019 Jason Reitman –hijo de Ivan Reitman, director de las originales– anunció que dirigiría Ghostbusters: Afterlife como continuación de las películas, quiso hacer un guiño a todos los que se habían sentido profundamente decepcionados por el sheboot de 2016, diciendo que “devolvería la película a los fans”.

ghostbusters: afterlife tweet
Reacción de una de las protagonistas del sheboot de 2016 al anuncio de Jason Reitman. Fuente: Twitter

Esta inocente frase enfureció a los actores/activistas de izquierda –cosa no muy difícil de conseguir, dicho sea de paso –y Leslie Jones llegó a comparar a Jason Reitman con el mismísimo Trump –sí, así de obsesionados están con Trump–, confirmando así la intencionalidad política de “Las Cazafantasmas” del 2016.

Ya sabíamos que los izquierdistas odiaban a las dos primeras películas por su defensa de la iniciativa privada frente al sector público, tanto que quisieron destruir su legado con el remake feminista, pero lo que no esperábamos es que estuvieran tan dispuestos a odiar Ghostbusters: Afterlife aún antes de empezar su producción.

Una vez estrenada Ghostbusters: Afterlife, hay que reconocer que los izquierdistas tienen dos motivos para odiarla. En una escena, uno de los personajes más queridos hace una explícita alabanza a la época de Ronald Reagan y a la bonanza económica que trajo al país. En otra escena, se explica que Gozer, el ser demoníaco milenario que sirve de villano de la película, no es ni hombre ni mujer, a lo que un personaje responde “¡qué woke para hace 5000 años!”.

Pero sobre todo deben odiarla porque Ghostbusters: Afterlife, sin ser perfecta, es un ejemplo de cómo deberían ser estos tipos de remakes o secuelas. La película demuestra tener un gran amor y un conocimiento casi enciclopédico de las originales; presenta personajes y situaciones nuevos, pero sin burlarse o tratar de deconstruir a los antiguos; y sobre todo, consigue adaptar la película a nuestros tiempos, pero sin caer en la trampa de la impostada cultura woke, manteniendo los temas y arquetipos universales que hicieron funcionar a las primeras.

Ghostbusters: Afterlife es una película muy entretenida, llena de referencias para los fans más acérrimos –pero que hasta los seguidores casuales recordarán–, y para los jóvenes que con esta vean su primera película de la saga, mantiene toda la magia de Ghostbusters, con lo que seguramente despertará su interés por las anteriores. Confiemos en que sepan omitir la de 2016 –como con buen criterio hizo Sony Pictures– y que podamos seguir disfrutando de futuras entregas con esta nueva generación de personajes.

Ignacio Manuel García Medina, Business Management teacher. Artist and lecturer specialized in Popular Culture for various platforms. Presenter of the program "Pop Libertario" for the Juan de Mariana Institute. Lives in the Canary Islands, Spain // Ignacio M. García Medina es profesor de Gestión de Empresas. Es miembro del Instituto Juan de Mariana y conferenciante especializado en Cultura Popular e ideas de la Libertad.

Social Networks: @ignaciomgm

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