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Coca-Cola, Disney

El idiota de la semana: ¿Coca-Cola o Disney?

Las dos compañías compiten para conseguir que el sistema apoye aún más a los izquierdistas que se creen antisistema

Esta semana vuelve a haber una durísima competencia por llevarse el galardón de “Idiota de la Semana” de El American. En esta ocasión encontramos a dos de las empresas más poderosas del planeta, Coca-Cola y Disney, compitiendo para conseguir que el sistema apoye aún más a los izquierdistas que se denominan antisistema.

Coca-Cola, o de cómo parecer antirracista siendo racista

Un empleado de Coca-Cola reveló que uno de los cursillos de formación en diversidad de la compañía instaba a sus trabajadores a «ser menos blancos».

Impartido por Robin DiAngelo —una consultora en facilitación especializada en “Análisis Crítico del Discurso” y en “Estudios de la Blanquitud”—, el curso trataba de explicarles a los trabajadores de Coca-Cola cómo ser menos racistas. Para ello, los compelía a «ser menos ignorantes», «menos opresivos», «menos arrogantes» y, en definitiva, «menos blancos».

No sabemos si la manera de ser menos blanco que propone Coca-Cola es la que usó Justin Trudeau en 2001, al aparecer en una fiesta de disfraces con su cara pintada de negro con betún, aunque imaginamos que no. Lo que sí es seguro es que si un consultor les hubiera dicho a los empleados negros de Coca-Cola que tratasen de ser menos negros, la onda expansiva de la explosión de indignación hubiera llegado desde Atlanta hasta el último rincón del planeta.

La reacción de Coca-Cola y Robin DiAngelo ha sido desentenderse de la responsabilidad sobre el contenido del curso. Este seminario de DiAngelo, disponible hasta hace poco en LinkedIn Learning, pero convenientemente ya retirado, según Coca-Cola, «no forma parte de su currículo educativo». Aunque luego añaden que su «formación global Better Together forma parte de un plan de aprendizaje para ayudar a construir un lugar de trabajo inclusivo. Se compone de una serie de viñetas breves, cada una de las cuales dura unos minutos». Suponemos que para Coca-Cola el racismo es algo grave solo si supera unos determinados minutos.

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Fuente: Flickr

Robin DiAngelo, por su parte, ha intentado justificarse diciendo que «la formación en línea de LinkedIn Learning que circulaba no era un curso de la Dra. DiAngelo, sino una serie de clips de entrevistas que se habían editado sin su conocimiento y se presentaban como un recurso educativo». Y que «ella no tuvo ninguna participación en que se presentara o comercializara como una sesión de formación, no aprobó su distribución, no sabía que se estaba utilizando en entornos corporativos y, por eso, ha sido retirado del sitio y suspendido voluntariamente por los grupos que lo crearon y distribuyeron».

Quizás Robin DiAngelo, nacida en California en el seno de una familia de clase trabajadora, podría dejar de intentar ser menos blanca y ser más cuidadosa con sus contenidos. Lo cierto es que su carrera académica y profesional, con libros como Fragilidad blanca: por qué es tan difícil para los blancos hablar de racismo, va muy en la línea del seminario del que ahora quiere desentenderse.

Según ella, su «experiencia de pobreza habría sido diferente si no hubiera sido blanca», y que aunque siente que se enfrentó a la «opresión de clase», también se benefició del «privilegio racial». Es decir, se siente oprimida, pero solo un poco, lo justo para desarrollar una lucrativa carrera académica y profesional explotando la explotación. Suponemos que piensa que podría haber sido peor y haber sido negra.

En cualquier caso, parece que por este flagrante escándalo de “racismo inverso” Coca-Cola no va a recibir ningún escrutinio por parte de la supuestamente antirracista izquierda mediática. Queda por saber si tomarán medidas más allá de sustituir a su icónico oso polar por otro menos blanco.

Como idea para combatir el racismo, proponemos que lo sustituyan por un oso panda, que es blanco, negro y asiático a la vez, para así poder presumir de diversidad e inclusividad.

También merece la pena recordarle a Coca-Cola que sus trabajadores y consumidores no pueden cambiar el color de su piel y dejar de ser tan blancos, pero sí pueden dejar de consumir Coca-Cola.

Disney, o de cómo parecer antifascista censurando como fascistas

Esta semana Disney ha vuelto a poner advertencias sobre contenido ofensivo al principio de uno de sus programas. En esta ocasión le ha tocado a The Muppets Show —también conocido como El Show de los Teleñecos en algunos países de habla hispana—.

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Fuente: Pixabay

«Este programa incluye representaciones negativas y/o maltrato de personas o culturas. Estos estereotipos eran erróneos entonces y lo son ahora», puede leerse ahora al comienzo de algunos capítulos de The Muppets, como aquel en el que el invitado Johnny Cash cantaba con una bandera confederada al fondo.

Los Muppets han sido las últimas víctimas del revisionismo histórico de Disney, intentando congraciarse con la izquierda después de haber hecho lo mismo con clásicos como Peter Pan, Dumbo o Los Aristogatos.

Al parecer, los de Antifa y Black Lives Matter son muy fuertes y valientes para destrozar y saquear ciudades y negocios, pero muy sensibles y frágiles cuando se ponen a ver marionetas de peluche y dibujos animados de hace años.

Pero Disney no solo se limita a ensañarse con marionetas y comiquitas, sino que también ha desplegado su látigo censurador con personas reales como Gina Carano, la actriz que interpretaba a Cara Dune en The Mandalorian hasta su fulminante despido hace unos días.

La progresista, inclusiva y feminista Disney, en un alarde de tolerancia y respeto por la diversidad, decidió despedir a Gina Carano por ser una mujer fuerte, independiente y con pensamiento crítico que no comulga con la apisonadora ideológica de la izquierda.

Tras un post en el que Carano explicaba cómo la terrible persecución a los judíos en la Alemania nazi pudo darse gracias a la deshumanización del diferente que fomentaba y amparaba tanto el gobierno como al sistema, y que eso mismo podría estar pasando ahora con los republicanos en Estados Unidos. Ante eso, Disney decidió darle la razón al despedirla por no ser de izquierdas, aduciendo que «sus publicaciones en redes sociales, denigrando a las personas por su identidad cultural y religiosa, son aborrecibles e inaceptables».

Ya que Disney se empeña en tratar como idiota a su audiencia, quizás sería conveniente que advirtiera al principio de sus películas que los animalitos no hablan, que los leones no suelen hacerse amiguitos de los jabalíes o que las ratas y ratones, lejos de usar antisépticos guantes, suelen ser portadores de enfermedades, casi tan difíciles de curar como la idiotez.

Dejamos en las manos de nuestros lectores que decidan quién es el idiota de esta semana, si Coca-Cola con su racismo hacia los blancos en nombre del antirracismo, o Disney con su furor censurador en nombre de la tolerancia.

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