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Nicaragua, El American

Nicaragua derrotada ante la tiranía de Ortega

El domingo estaremos presenciando el circo de elecciones de Ortega, donde ya el resultado está sentado desde mucho antes

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Tal vez estamos ante el más dantesco, criminal y descarado fraude electoral en las últimas décadas en Iberoamérica, incluso me atrevo a señalar que supera de lejos las ya bastante prácticas fraudulentas, ergo, autoritarias de Hugo Chávez y Maduro en Venezuela. Pues, este domingo 7 de noviembre tendrá lugar en Nicaragua una falsa elección presidencial.

En crudo, ¿qué es lo que ha hecho Ortega? Simple, replicó la agenda escrita por los Castro en La Habana e implementada por primera vez y de forma exitosa por Hugo Chávez: liquidación de la democracia mediante el desmontaje de las instituciones autónomas (Congreso y Poder Judicial) y convertir al Estado de Nicaragua patrimonio personal de los Ortega y algunos buenos camaradas sandinistas.

Pero, no todo quedó allí. Más tarde, a finales de 2018 y mediados de 2019 tuvieron lugar las históricas manifestaciones estudiantiles y jóvenes universitarios, las cuales terminaron con un saldo de horror, represión y sangre, con más de 300 muertos, 100 detenidos (solo en Managua) y 88 mil salieron del país. Sin contar, los medios de comunicación cerrados, organizaciones civiles que pasaron por la misma suerte y finalmente, 7 candidatos presidenciales encarcelados: Cristina Chamorro, Arturo Cruz, Félix Madariaga, Juan Sebastián Chamorro, Miguel Mora, Medardo Mairena y Noel Vidaurre.

Durante la masacre de 2019, entre las primeras voces que reaccionaron contra el tirano Ortega fue USA que a través de su Embajada en Nicaragua difundió un tweet condenando la brutal represión sandinista. En esa misma tónica, también reaccionó el Secretario General de la OEA Luís Almagro y más tarde la Comisión Interamericana de Derecho Humanos (CIDH) que ha emitido contundentes informes evidenciando el carácter autoritario de régimen sandinista y las violaciones sistemáticas a los derechos humanos, infelizmente todas estas acciones sin mayores frutos.

Pero como se puede apreciar, la destrucción de la democracia nicaragüense no inició el 2018, sino que vino prácticamente aparejada desde el mismo momento que Ortega y los sandinistas iniciaron en enero de 2006, solo que el hostigamiento, el autoritarismo, la violencia de Ortega, la permanente violación de la Constitución y elecciones fraudulentas se hizo más visible desde el 2016, cuando se hizo elegir sin ningún escrúpulo para un tercer mandato consecutivo.

Lo que hace diferente esta ya cantada cuarta “reelección” de Ortega y los sandinistas en este proceso del 7 de noviembre de 2021, ha sido la impunidad rampante de Ortega frente a los cientos de jóvenes asesinados el 2019, por tanto, crímenes de lesa humanidad y, la eliminación sistemática de todos sus adversarios políticos que se presentaron con posibilidades de triunfo en las presidenciales, que sin ningún desparpajo fueron encarcelados y uno bloqueado por el Supremo Electoral, que inhabilitó a la “Alianza Ciudadana por la Libertad”, tolda política de Óscar Sobalvarro.

Lo llamativo de todo esto, es que Estados Unidos ahora bajo la administración de Biden se enfoque en tratar de evitar el avance autoritario en El Salvador con el Gobierno de Nayib Bukele, mientras que ha sido muy tibio frente a Ortega. Lo cierto del caso, es que este domingo, estaremos presenciando el circo de elecciones de Ortega, donde ya el resultado está sentado desde mucho antes: el triunfo de Ortega y seguramente un efusivo anuncio de su victoria en la Plaza de la Revolución de Managua.

Este cuarto mandato de Ortega y sus criminales sandinistas es absolutamente ilegítimo, pues, es el resultado de un proceso electoral totalmente viciado, sin competencia ni mínimas garantías y sin campaña electoral. En fin, es nulo de toda nulidad. Esperamos que la Comunidad Internacional inicie todas las acciones disponibles del Sistema Internacional para ayudar al pueblo nicaragüense a recobrar la libertad y la democracia arrebatada por la macabra pareja de Ortega y Murillo.

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