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Nueva alianza árabe-israelí revoluciona ecuación de fuerzas en Medio Oriente

Los cancilleres trataron retos de seguridad, economía y energía en momentos en que la invasión rusa a Ucrania ha sacudido el mapa mundial

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Esta semana, en el lujoso hotel del kibutz Tzdé Boker, donde vivió sus últimos años el histórico líder israelí David Ben Gurión, los cancilleres de Estados Unidos, Israel, Egipto, Emiratos Árabes Unidos (EAU), Marruecos y Bahréin formalizaron una alianza clave. Sin participar directamente, la cumbre contó asimismo con el apoyo de Arabia Saudita y Jordania. Desde 1979, cuando El Cairo y Jerusalén rompieron el tabú de la paz imposible, firmando un acuerdo que tras cuatro décadas demostró su solidez, la aceptación del estado hebreo como un actor regional permanente ha ganado espacio en el mundo árabe. Sin prisa, pero sin pausa. Y la amenaza de Irán, con su agresivo expansionismo, ha terminado de consolidar esta postura.

Hay una evidente conjunción de intereses entre ambas partes, consistente en mantener la estabilidad e impedir que la teocracia islámica persa obtenga armas atómicas. Lo que preocupa en realidad no es la represión interna en Irán —al fin y al cabo no existen democracias en el mundo árabe— sino su afán de predominio regional. Paralelamente, la enorme superioridad militar y tecnológica alcanzada por el estado hebreo en la última década influye, lógicamente, en esta renovada política árabe. Israel es una de las contadas potencias nucleares del planeta, aunque nunca lo ha declarado.

Los cancilleres trataron retos de seguridad, economía y energía en momentos en que la invasión rusa a Ucrania ha sacudido el mapa mundial de intereses, lo que obliga a construir alianzas. Pero la “Cumbre del Negev” no fue causada por las acciones de Moscú sino de Teherán.

“Ben Gurión dijo que la historia se hace. Lo que estamos haciendo hoy aquí es historia. Construir una nueva arquitectura regional basada en el progreso, la tecnología, la tolerancia religiosa, la seguridad y la cooperación en inteligencia”, declaró Yair Lapid, canciller de Israel. Envió un mensaje directo: “Las capacidades compartidas que estamos construyendo, intimidan y disuaden a nuestros enemigos comunes -en primer lugar Irán y sus organizaciones afines- que tienen mucho que temer. Lo que los detendrá no es la vacilación, sino la firmeza”.

La importancia de la reunión radica en el mensaje implícito de la foto conjunta de Estados Unidos y cinco países de Medio Oriente y África, al mismo tiempo que se produjeron ataques de rebeldes proiraníes hutíes contra Arabia Saudí y EAU, así como varios atentados terroristas contra civiles israelíes. En estos últimos ataques fueron asesinadas 11 personas, y entre las víctimas se cuenta un ciudadano cristiano y otro druso. No debe olvidarse que los ciudadanos del estado judío incluyen un 20 % de musulmanes, cristianos y drusos. Y estos dos últimos colectivos participan activamente en la defensa nacional.

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Un foro anual

El canciller de Bahréin declaro que “la necesidad de cooperación y seguridad se ha vuelto más urgente debido a los ataques hutíes contra civiles e infraestructuras de energía, la amenaza continua de grupos terroristas como Hezbollá y la necesidad de resolver la cuestión nuclear iraní”. Bahréin apoya una alianza regional defensiva al estilo de la OTAN para combatir ataques marítimos y aéreos de drones persas.

Lapid y sus colegas árabes expresaron a Blinken su preocupación por la forma en la que intenta resucitar el acuerdo nuclear con Teherán, tras su abandono por Trump en 2018, y sobre todo por su intención de retirar a la Guardia Revolucionaria de la lista de grupos terroristas en el marco del mismo. Sobre este último tema, el premier Naftalí Bennett le dijo personalmente en Jerusalén: “espero que escuche atentamente las voces de preocupación de Israel y los países que desean la paz en la región”.

Si en el pasado Washington medió entre Israel y los países árabes, hoy Israel media entre Estados Unidos y varias naciones musulmanas que, según The Wall Street Journal, no aceptaron el planteo del presidente Joe Biden que pretendía un aumento de sus ventas de petróleo para reducir la dependencia de Rusia. Muchos aliados consideran errática y débil la actual política exterior americana en la zona, idea que tomo fuerza tras la caótica retirada de Kabul.



“Nuestra presencia aquí es la mejor respuesta a los ataques de terroristas asesinos que condenamos”, declaró el marroquí Nasser Bourita en su primer visita a Israel. Como el resto de representantes árabes, reivindicó la solución de dos estados para el conflicto israelí-palestino. Israel defiende desde 1967 que las fronteras deben ser seguras y definidas entre ambas partes. En 2001 y 2008, Arafat y Abu Mazen, respectivamente, rechazaron ofertas concretas de firmar una paz definitiva y constituir un país verdadero para su pueblo. Los analistas consideran estos rechazos como la perdida de una oportunidad histórica irrepetible. El mapa presentado por la administración Trump es considerado por Jerusalén la opción más realista para un acuerdo con los “primos” palestinos.

Israel viene profundizando su relación con Egipto, el primer país árabe con el que firmó la paz, así como con quienes normalizó relaciones (Bahréin, EAU y Marruecos) mediante los Acuerdos de Abraham del 2020. “Cuando hace 43 años Israel y Egipto firmaron la paz, nosotros por desgracia desperdiciamos estos 43 años para conocernos mejor”, lamentó el canciller de los Emiratos.

Hizbollá y Hamás, grupos que apoyan la violencia y la ejercen, apoyados por Irán y que controlan el sur libanés y la franja de Gaza respectivamente, han condenado la conferencia. Son coherentes, sin duda.

El encuentro en el Negev fue organizado a “lo israelí”. Es decir, a último momento, improvisado y gracias a una oportunidad. Yair Lapid propuso la cumbre aprovechando la visita del secretario de Estado americano a Egipto. Sin duda, y pese a los obstáculos, una nueva realidad ha llegado al Medio Oriente con firmes chances de quedarse, e ir sumando nuevos socios a breve plazo.


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