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AMLO se desbarranca hacia la tiranía. Imagen: EFE/Mario Guzman

En medio de crisis por asesinato de periodistas, AMLO ataca a Carlos Loret y la prensa libre

Las acusaciones del presidente de México contra el periodista desnudan su odio y desprecio a las leyes

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Andrés Manuel López Obrador (AMLO) se desliza hacia la dictadura. Está molesto, está frustrado, está desquiciado. Los reportajes del equipo de Carlos Loret de Mola en LatinUs han exhibido al presidente y a su parentela como una manga de hipócritas, una gavilla de sinvergüenzas que predican la austeridad y la pobreza, mientras se retacan con las mieles del poder.

Los reportajes sobre los contratos de PEMEX con la prima de AMLO, los sobres llenos de dinero que recibió su hermano y las mansiones donde retoza su hijo en Texas han sido golpes certeros, directos, contundentes. En un escenario donde López Obrador controla sin problemas a una oposición partidista desabrida e inepta, el periodista Carlos Loret de Mola se ha convertido en el gran contrapeso para la narrativa del presidente. Y eso, Andrés Manuel no lo tolera.

A partir del enojo, AMLO se desbarranca

Poseído por el odio hacia Carlos Loret, AMLO se desbarranca hacia la tiranía y va de cabeza. Este 11 de febrero, el presidente usó su conferencia matutina no solo para insultar, como lo hace todos los días, sino para violar abiertamente la secrecía de los datos personales, con tal de exhibir los ingresos del periodista. López Obrador mostró una tabla donde menciona que el año pasado Loret ganó 35.2 millones de pesos y señaló:

“Lo que me llama mucho la atención y lo tendrán que aclarar los directivos de Televisa, es que se supone que Loret ya no está en Televisa y le dieron 11 millones 800 mil pesos el año pasado”, dijo el presidente. “Le voy a solicitar al instituto de la transparencia, ya saben que tengo diferencias con ellos, pero formalmente les voy a pedir que soliciten al SAT que me certifiquen los datos”.

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Lo grave, más allá de que Loret acusa que las cifras son falsas, es que ni el Servicio de Administración Tributaria, ni el “instituto de la transparencia” tienen la faculta de tomar los datos privados de los contribuyentes y pasárselos o “certificárselos” como chisme al presidente.

Para acabar pronto, el Código Fiscal de la Federación señala en su artículo 69 que “el personal oficial que intervenga en los diversos trámites relativos a la aplicación de las disposiciones tributarias estará obligado a guardar absoluta reserva en lo concerniente a las declaraciones y datos suministrados por los contribuyentes o por terceros con ellos relacionados, así como los obtenidos en el ejercicio de las facultades de comprobación”.

Sí, ABSOLUTA RESERVA, que solo se puede omitir en los casos expresamente mencionados en la propia legislación, ninguno de los cuales incluye la opción de “venganzas mediáticas”. Así que, al revelar información privada de un ciudadano, presumiblemente recurriendo a los contactos que tiene en su función pública, el presidente López Obrador violó la ley.



Violó la ley pública e indudablemente, en televisión nacional, en una declaración de guerra no solo contra Carlos Loret en lo individual, sino contra todo el gremio periodístico y la sociedad en general.

El mensaje es muy claro: Los que no aplaudan a pie juntillas los caprichos y despilfarros presidenciales serán sometidos con toda la fuerza del Estado, sin importar lo que digan las leyes, sin importar los límites institucionales ni importar la decencia o el sentido común.

Y eso es una pésima señal. Es una indicación de que López Obrador está cediendo cada vez más a los susurros del demonio autoritario, a esa seducción dictatorial a la que inicialmente parecía resistirse, pero se está volviendo más potente conforme se agota el tiempo de su sexenio.

AMLO se desbarranca hacia la tiranía y se lanza contra el periodista Carlos Loret. Imagen: EFE/Angel Díaz
AMLO se desbarranca hacia la tiranía y se lanza contra el periodista Carlos Loret. (EFE)

México, hacia la tiranía

Apenas el 10 de febrero The Economist redujo la calificación de la democracia mexicana, considerándola ahora como un “régimen híbrido”, y lo que pasó hoy confirmó dramáticamente el diagnóstico. La democracia no se ha erosionado por completo, no es todavía una dictadura, pero se está acercando, y pinta para empeorar.


De fondo, el resentimiento

En medio de su delirio, López Obrador enfatizó que Loret de Mola gana 15 veces más que él, y justificó la cacería de brujas diciendo que “no es un asunto personal, yo estoy bien con mi conciencia, duermo tranquilo, pero represento un proceso de transformación para acabar con la corrupción en México”.

Detrás de la retórica queda claro que AMLO le tiene una profunda envidia a la supuesta riqueza de Loret, pero lo que realmente no le perdona es que, con sus reportajes, el periodista está erosionando el discurso anticorrupción, que es la gran muletilla presidencial.

Si López Obrador pierde la bandera de la honestidad, se queda desnudo con las miserias de sus malos resultados. Él lo sabe. Él no lo perdona. Y en la furia de esa certeza, se desbarranca hacia la tiranía.

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