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Remake de Scarface: el fracaso de la guerra contra las drogas

Remake de Scarface: el fracaso de la guerra contra las drogas

En caso de realizarse este remake de Scarface, demostraría el terrible fracaso que ha sido la denominada guerra contra las drogas

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La película Scarface dirigida en 1983 por Brian De Palma, es un remake de una película homónima dirigida en 1932 por Howard Hawks. Con una separación de 50 años entre ellas, las dos se convirtieron en películas de referencia dentro del género de gánsteres, siendo ambas muy influyentes en su época.

Según Newsweek, Universal Pictures está barajando la idea de hacer una nueva versión. En caso de realizarse este remake de Scarface, demostraría el terrible fracaso que ha sido la denominada guerra contra las drogas.

Scarface de 1932 trataba sobre el ascenso y caída de Tony Camonte -interpretado por Paul Muni-, un pistolero y delincuente italiano que ejerce de lugarteniente de una de las mafias más importantes de Chicago. Con una ambición sólo superada por su crueldad, va ayudando a su jefe a deshacerse de sus rivales hasta que, finalmente, termina eliminando a su propio jefe para así convertirse él en el líder absoluto de la mafia, dedicada principalmente al tráfico de alcohol, prohibido desde 1920 por la conocida como “ley seca”.

Scarface de 1983 narra la historia de Tony Montana -encarnado por Al Pacino-, un expresidiario cubano que llega a Miami durante el éxodo de Mariel orquestado por Fidel Castro en 1980. También gracias a su ambición y habilidad para entender el mundo del crimen, Tony va medrando hasta acabar matando y reemplazando a su propio mentor, para convertirse en el más importante traficante de cocaína de América durante la denominada “guerra contra las drogas”, iniciada por Nixon y potenciada por Reagan.

La nueva versión de Scarface por ahora no pasa de ser un rumor, aunque se barajan los nombres de Michael B. Jordan como protagonista, y Luca Guadagnino como director. Independientemente de que se acabe filmando o no, este remake sería la demostración de un fracaso.

Y no nos referimos a un fracaso de taquilla o a un fracaso artístico -cosa que suele suceder con los remakes woke-, sino al fracaso de la guerra contra las drogas.

El fracaso del remake de Scarface

La película original del año 1932 empezaba con un texto que decía “esta película es una acusación contra el dominio de las bandas en Estados Unidos y contra la insensible indiferencia del gobierno ante esta amenaza cada vez mayor para nuestra seguridad y nuestra libertad… Cada incidente de esta película es la reproducción de un suceso real, y el propósito de esta película es exigir al gobierno: “¿Qué van a hacer al respecto?”.

Un año después de su estreno, se abolía la ley seca. Se ponía freno así a todos los problemas que había generado la prohibición, que claramente excedían -por mucho- los que generaba el alcoholismo. Aunque su prohibición durante más de una década contribuyó a crear y alimentar redes criminales que quedarían para siempre.

Juego y prostitución daban ocupacón a estos gánsteres ahora que el alcohol ya no estaba prohibido, hasta que se dio la popularización de otras drogas como la cocaína y la heroína. Cuando en los años 70 el gobierno americano inició la llamada “guerra contra las drogas”, éstas se convirtieron en el más lucrativo negocio para las mafias.

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El impacto cultural de Scarface ha sido enorme. Mural en Wynwood, Miami. Fuente: Flickr

El remake de Brian De Palma de 1983 cuenta la misma historia en esencia, pero adaptada al momento. El protagonista ya no es un italiano en Chicago, sino un latino en Miami; el arma pasa de ser una Colt M1921A Thompson, a una ametralladora M249; y la sustancia prohibida por el gobierno deja de ser el alcohol para convertirse en principalmente la cocaína.

A Tony Montana lo manda a asesinar su proveedor boliviano porque no cumple con un encargo: asesinar a un conferenciante que va a dar un discurso en las Naciones Unidas.

Este discurso estaba destinado a proponer la legalización de las drogas como la mejor forma de acabar con un problema que se había salido de control. La “solución” del problema lo había empeorado, como en su momento hizo la ley seca. Un discurso que podría haber firmado el Premio Nobel Milton Friedman.

Por supuesto los narcotraficantes estaban totalmente en contra de la legalización, sabían perfectamente que su negocio y sus pingües beneficios proceden precisamente de su prohibición.

El posible remake de Scarface parece que cambiará la raza del protagonista, quizás también cambie la ciudad, y seguramente el arma. Pero lo que no cambiará es el producto, y esto es porque si bien tras el estreno de la primera película se eliminó la ley seca, tras la segunda nada cambió en cuanto a la guerra contra las drogas. O si lo hizo, fue para recrudecerse. La guerra contra las drogas la han ganado las drogas, para felicidad de narcotraficantes, criminales, políticos y funcionarios que viven de su prohibición.

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