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The Batman no es una obra maestra

La película es un collage de cosas que ya vi, que parecen recogidas como se vieron, sin la mínima alteración o maquillaje para que la audiencia crea que ese trata de referencia y no de plagio

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Tardé bastante en verla y eso colaboró con aumentar mis expectativas. Gente cuyo criterio respeto la vio, le gustó y algunos se atrevieron a decir lo que ahora todo el mundo utiliza para toda película que le vaya bien en taquilla: “Es una obra maestra”. Pero no, qué decepción.

The Batman de Matt Reeves, la primera entrega de una nueva trilogía del vengador que usa traje de látex y máscara con dos cuernitos, no es una obra maestra. Lo intenta, pero falla en demasiados aspectos. Y lo que diré se limitará al aspecto cinematográfico que, para mí, fue lo flojo de toda la película de casi tres horas. Con respecto a la historia, no vale perder el tiempo, porque todo ya está dicho. El mérito de las películas de Batman siempre recaerá en qué director logra el mejor acabado cinematográfico.

Durante las casi tres horas que dura la película no me sentí viendo absolutamente nada nuevo —y, otra vez, me refiero al aspecto cinematográfico—. El componente de Batman detective es fantástico, pero serviría mejor si no fuera una copia casi exacta de Se7en, de David Fincher. En cuanto a los elementos dentro de esta trama de detective, sin duda tendrían más valor si tampoco hubieran sido una copia casi exacta de Zodiac, también de Fincher, y un guiño vulgar a 1984, de Orwell.

El resto, cuando no se siente como un plagio, son referencias baratas a la obra maestra de Nolan, esa trilogía de Batman que llegó para dejar al resto de hacedores del superhéroe como unos mediocres idealistas. En síntesis, The Batman es un collage de cosas que ya vi, que parecen recogidas como se vieron, sin la mínima alteración o maquillaje para que la audiencia crea que ese trata de referencia y no de plagio.

En partes es atorrante, en otras mareante y en otras demasiado empalagosa. Muchos elementos fueron introducidos a la fuerza y es evidente la necesidad de apelar a todo tipo de audiencia, lo que también es molesto. Sobra el amor, y el personaje de Zoë Kravitz, con sus líneas absurdas, caricaturiza el intento de Reeves de armar la entrega más oscura y retorcida de las películas de Batman. El componente ideológico es insoportable. Te quieren hacer creer, y no se cansan de decírtelo, que todo se trata de una cruzada de los desvalidos contra los blancos ricos y privilegiados. Incluso, te quieren hacer sentir mal por Bruce Wayne, quien debería avergonzarse por ser blanco y millonario.

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Ah, Bruce Wayne, el peor de la historia. Robert Pattinson es un excelente Batman, pero un terrible Bruce. Incoherente, no hay relación entre el personaje que Reeves quiso dibujar y el perfil del playboy multimillonario y poderoso. El Bruce Wayne de Reeves parece, en cambio, un adolescente deprimido porque el último disco de Paramore fue una mierda y My Chemical Romance está a punto de separarse. Cabizbajo, con lentes oscuros para evitar el sol, es el primo emo que a los 35 años todavía no ha superado esa etapa.

Lo mejor de The Batman fueron, sin embargo, los villanos. Paul Dano estuvo brillante y le inyectó a la película ese elemento retorcido que tanto le hacía falta a la historia. Riddler fue un personaje fantástico y uno queda con ganas de saber y ver más de él. Carmine Falcone, interpretado por John Turturro, también está bien logrado —lástima que al final lo empañen con la cursilería de que no-sé-quién es hija de no-sé-quién—. Estuvo bastante bien Colin Farrell como Penguin y por primera vez se logra que Cobblepot parezca un villano serio y no una caricatura.

La última escena es desconcertante. Un pequeño atentado terrorista que hunde a toda Ciudad Gótica (o Nueva York) luce tan inverosímil como risible y te deja la sensación de que las cosas se salieron de control y ni el mismo Reeves puede hacer algo.



The Batman no es una obra maestra, pero tampoco es una película terrible. Tiene un potencial para una saga prometedora, pero debe apuntar a superarse, sin necesidad de armar un desastroso montaje de lo que ya hemos visto. Tiene sus méritos, claro, y es irresponsable dejarlos a un lado. Está bellamente hecha, la música funciona, la estética oscura es fantástica, los trajes son geniales y las actuaciones pulcras —destaco también a Jeffrey Wright como James Gordon—.

Hay algunas escenas que son hermosísimas —como ese plano al revés en el que se ve a Penguin resignado ante su destino luego de una persecución de la que casi se libra de Batman—. Tiene grandes personajes, muy bien construidos y con una presencia bastante poderosa en pantalla, y es, también, crudamente humana. Logra contagiarte del desprecio a una sociedad corrupta, corroída, en la que, luego de varios minutos en pantalla, ya estás inmerso. Al final, empatizas con Batman, con los villanos y con los corruptos. Todos están podridos, por lo que o nadie merece salvarse, o a todos deben darle una segunda oportunidad. Por ahora, démosle una segunda oportunidad a The Batman, que se viene con un Joker interpretado por el gran Barry Keoghan.

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