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Dinero,

Tiempos de dinero fácil: el paquete de estímulo a la economía

Pocas voces abogan por la apertura de la economía. Sin lugar a dudas un sector de la tecnología no lo hará, complaciente con la creciente demanda de sus servicios debido a los cierres

Tras la ratificación por parte de demócratas y republicanos del nuevo paquete de estímulo a la economía estadounidense de $ 900 mil millones los inversionistas descansaron, los tabloides celebraron y el público en general se alegró por un nuevo “apoyo” a la economía norteamericana. Pocas voces se atrevieron a cuestionar la supuesta ayuda para la economía que está paralizada por la cuarentena.

La mayoría de los republicanos callaron diligentemente o aceptaron a regañadientes este nuevo estímulo, solo el senador Rand Paul se atrevió a alzar su voz en contra de lo que el considera dinero fácil y un riesgo mayor para la economía y las generaciones del futuro a costa de una estrategia de salvamento sumamente cara.

Pocas voces abogan por la apertura de la economía. Sin lugar a dudas un sector de la tecnología complaciente con la creciente demanda de sus servicios debido a los cierres no lo hará, los inversionistas tampoco al ver a sus preciados índices bursátiles creciendo y batiendo récords por el dinero inyectado por la Reserva Federal (FED) quién presta dinero a los bancos comerciales a tasa de interés 0.

Aunque el mercado bursátil está batiendo récords muchas empresas tradicionales y por fuera del sector de la tecnología, que emplean a millones de estadounidenses, pasan tiempos difíciles y han tenido que recurrir a despedidos, ventas de activos y reducción del portafolio para poder sostenerse en el contexto de la pandemia. Por otro lado el precio de la vivienda continua al alza mientras la demanda cae.

¿Cómo se financiará el estímulo? Con dinero de la FED, por supuesto.

En la actualidad el Gobierno no tiene reservas de bolsillo propio suficientes para financiar el estímulo, por lo que recurrirá a la venta de bonos del tesoro a los bancos comerciales y fondos de inversión para que financien la deuda. Si los bancos comerciales no tienen dinero suficiente para comprarle los bonos al gobierno la FED le presta a los bancos el dinero que necesiten.

Durante este año la política fiscal y monetaria estadounidense ha apuntado a una expansión del gasto y del dinero circulando para rescatar a la economía de la crisis más aguda que ha experimentado desde 1948. Aunque el mercado parece haber absorbido la mayor parte de este dinero existe una creciente preocupación de que este segundo estímulo sea excesivo, y un tercero, como plantea Joe Biden, sea un desperdicio completo. Ya la OCDE advirtió que si bien un segundo estímulo fiscal es necesario, éste no debe ser excesivo.

Jerome Powell presidente de la FED en audiencia ante el Congreso. (EFE)

Por lo demás el senador del partido Republicano Pat Toomey se opuso a extender el programa de préstamos de emergencia de la FED para este segundo estímulo. Las preocupaciones del senador se justifican en que más de $ 429 mil millones del presupuesto aprobado por al CARE Act terminaron sin usarse.

Por sí fuera poco la FED ya se encuentra en un plan de inyectar el equivalente del 0.6% del PIB estadounidense a la economía cada mes en dinero y se estima que las tasas de interés no volverán a subir hasta el 2023.

Este plan va en conjunción con el cambio de política de la FED donde anteriormente tenía la meta objetivo de 2% de inflación y hoy en día establece que la inflación debe estar dentro del rango del 2%. Este sutil cambio es una señal al mercado de que el banco central admite que pude haber algo más de inflación de la esperada.

Aunque la mayoría de los economistas mantienen la confianza en que la inyección de dinero y el estímulo son apropiados para el momento económico, hay que ir más allá de las proyecciones para el 2021 y mirar en el largo plazo, pues la economía norteamericana con este estímulo masivo está navegando en aguas desconocidas que la podrían conducir a un estancamiento secular como ocurrió en Japón 20 años atrás.

Japón: el país al que le llegó el largo plazo por el dinero fácil

A los ojos de la mayoría Japón es visto como una economía dinámica con tecnología de punta y madre de innumerables marcas de autos, motos, electrodomésticos, consolas de videojuegos y computadores. Durante los años 60 y los 70 el mundo vio con asombro a Japón pasar de ser un país devastado por la segunda guerra mundial a dominar la manufactura mundial de electrodomésticos, y marcas como Hyundai u Honda entraban a competir en el mercado de automóviles en los Estados Unidos.

La base del crecimiento japonés se debió a a la competitividad de sus exportaciones frente a las de occidente y al precio relativamente bajo de su moneda, todo esto acabaría en 1985 con la celebración los acuerdos del Plaza.

Alemania, Estados Unidos, Francia y el Reino Unido preocupados por la pérdida de competitividad de sus exportaciones frente a Japón, presionaron al país para que revaluara su moneda, mientras ellos devaluaban la suya. En mayo del 85 el ministro de finanzas de Japón, Noboru Takeshita, cedió a las presiones de las potencias occidentales en el Hotel Central Plaza donde se firmó el llamado acuerdo.

Desde 1991 hasta la actualidad el crecimiento promedio de la economía japonesa ha sido del 0,84% al año, muy por debajo de la tasa promedio para la economías desarrolladas del 2,8%. (EFE)

Producto de esta revaluación forzosa, Japón optó como estrategia de crecimiento disminuir las tasas de interés de su banco central hasta un 2% (toda una novedad en la época) para así estimular el crédito y la demanda, y a su vez devaluar su moneda para hacer más competitivas sus exportaciones.

Es cierto que Japón logró volver a retomar un crecimiento del 6% de su PIB, causando a su vez una burbuja en dos activos: el precio de los bienes raíces y las acciones. Esto llevó a que se quintuplicara la cotización del Índice Nikkei y a duplicar el precio de la vivienda. En 1989 el banco subió las tasa de interés causando el desplome del mercado de crédito sumiendo a Japón en 1992 en una crisis inmobiliaria.

Aunque Japón tuvo una oportunidad de oro para hacer las reformas necesarias para volver más competitiva su economía, optó por la solución del pasado y volver a disminuir la tasa de interés para recuperar su economía al 0,5 %, pero está vez no se vieron los resultado del pasado, la economía de Japón estaba estancada y su Gobierno había agotado el estímulo monetario, el tigre asiático había caído en una trampa de liquidez dando paso a la década perdida.

Desde 1991 hasta la actualidad el crecimiento promedio de la economía japonesa ha sido del 0,84% al año, muy por debajo de la tasa promedio para la economías desarrolladas del 2.8%. A pesar de que el país ha impulsado un agresivo gasto fiscal en infraestructura pública y una política monetaria expansiva que le ha costado al país para el 2019 una deuda equivalente al 238% de su PIB y que se incrementó otro 24% durante la contención de la pandemia, la economía nipona no parece dar señas de arranque.

La realidad es que Japón no logra salir de su estancamiento, su sistema no se renueva, y de seguir en esta tendencia los fondos de pensiones y sistemas de ahorro público serán insostenibles en un país con una población envejecida y una economía estancada. Lo cierto es que en caso de que Japón no logre revertir esta situación el ciudadano japonés podría ser una persona mucho más pobre en 20 o 30 años.

Keynes solía decir que no importaba incurrir en deuda de largo plazo para rescatar una economía pues en el “largo plazo todos estaremos muertos”. Para infortunio de los japoneses, muchos de los cuales recuerdan la bonanza de los años 70 y el estancamiento posterior, al “imperio del sol naciente” parece haber alcanzado el “largo plazo”.

¿Por qué es importante la lección de Japón para Estados Unidos?

Puede que Estados Unidos al representar todavía cerca del 18% del PIB mundial y ser el dólar, por ahora, la principal moneda de reserva del mundo pueda permitirse una política monetaria y fiscal más agresiva que la de Japón. ¿Pero cuánto tiempo podrá sostenerse sin que esta se convierta en un círculo vicioso?

A Japón le tomó menos de 20 años incrementar su deuda pública del 96% al 263% del PIB, de seguir al ritmo actual en menos de 20 años Estados Unidos podría duplicar su deuda actual que ya supera el 127% del PIB.

Con Biden comprometiéndose a un nuevo estímulo fiscal, así como un nuevo Green New Deal que implicará un gasto masivo ¿Cuánto tardará la economía en estancarse? ¿Cuánto tardará Estados Unidos en agotar sus alternativas de crédito? Solo en el largo plazo lo sabremos.

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