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Acabar con el filibusterismo destruiría el propósito del Senado

Acabar con el filibusterismo es una mala idea

Por Aadi Golchha

En 1787, durante la Convención Constitucional, James Madison —a quien a menudo se hace referencia como el Padre de la Constitución— describió el Senado como “una barrera necesaria” que protegería “al pueblo contra sus gobernantes” y de “las impresiones transitorias a las que ellos mismos podrían ser llevados”.

George Hoar, que fue senador por Massachusetts de 1877 a 1904, dijo que el Senado se creó para que “el segundo pensamiento sobrio del pueblo pudiera encontrar expresión” y para “resistir el deseo precipitado, destemplado y apasionado del pueblo”.

El Senado se creó para ser un órgano legislativo lento y deliberante en el que se escuchara la voz de la minoría y las leyes se examinaran, debatieran y aprobaran sólo después de alcanzar un consenso. Se creó para ser un equilibrio con la Cámara de Representantes, donde gobierna la mayoría. Destruir el filibusterismo destruiría el propósito mismo del Senado.

Los defensores de la destrucción del filibusterismo sostienen que es obstruccionista. Escribiendo para el Brennan Center for Justice en octubre del 2020, Caroline Fredrickson dijo: “Durante el gobierno de Obama, los republicanos del Senado llevaron la obstrucción a un nuevo nivel, utilizando el filibustero más que nunca en la historia. Pero el uso de esta táctica había aumentado incluso antes de que Obama llegara a la presidencia, lo que ha llevado a los últimos presidentes de ambos partidos a utilizar órdenes ejecutivas y otras herramientas administrativas para eludir al Congreso… Dado que el poder ejecutivo se ha alejado cada vez más de las iniciativas legislativas debido a la obstrucción del Senado, el filibuster sigue socavando una verdadera democracia”.

En cierto modo, tiene razón. Pero eso es porque se supone que Estados Unidos nunca fue una democracia pura. Famosamente, cuando le preguntaron a Benjamín Franklin qué tipo de gobierno habían creado los Padres Fundadores, respondió: “Una república, si pueden mantenerla”. Los Fundadores construyeron un sistema de gobierno que debía forzar el consenso y el compromiso. Nunca se pretendió que Estados Unidos fuese gobernado por un 51 % puramente mayoritario o por un presidente que utilizara órdenes ejecutivas para eludir al cuerpo legislativo.

Quienes abogan por la supresión del filibusterismo se quejan de que el Senado es demasiado lento y que nunca hace nada.

Pero si el Senado fuese un órgano puramente mayoritario como la Cámara de Representantes, los demócratas aprobarían una legislación progresista totalmente intransigente cuando estuviesen en el poder, para luego derogarla y sustituirla por una agenda conservadora en cuanto los republicanos obtuvieran la mayoría. Inmerso en este ciclo perpetuo, un Senado sin filibuster daría al pueblo estadounidense un latigazo.

Rachel Bovard, escribiendo para la Heritage Foundation en abril de 2017, dijo que “sus artífices diseñaron el Senado para que fuera un órgano impulsado por el consenso. Si un partido mayoritario sabe que necesita obtener 60 votos para terminar el debate de un proyecto de ley, la necesidad de trabajar entre los distintos sectores, negociar y encontrar áreas de acuerdo se vuelve imperativa, en lugar de opcional. Sin el filibusterismo como herramienta de negociación, el Senado se convierte en poco más que una versión reducida de la Cámara de Representantes en la que la legislación refleja las prioridades de la mayoría, sin tener en cuenta las preocupaciones de la minoría”.

Incluso el presidente Joe Biden, quien más recientemente calificó el filibuster como una “reliquia de Jim Crow”, defendió anteriormente el filibuster.

“Los Padres de la Patria no pretendían garantizar el gobierno de la simple mayoría, sino permitir que las opiniones de la minoría —ya sean conservadoras, liberales o moderadas— tuvieran un papel duradero en el Senado para controlar los excesos de la mayoría”, declaró Biden en un discurso del 2005

Como senador, Barack Obama ofreció una defensa similar.

“A fin de cuentas, [los americaos] esperan que ambos partidos trabajen juntos para sacar adelante los asuntos del pueblo. Lo que no esperan es que un partido —sea republicano o demócrata— cambie las reglas en medio del juego para poder tomar todas las decisiones mientras al otro partido se le dice que se siente y se calle”, dijo Obama en un discurso en el Congreso en 2005. “Tenemos que superar la mentalidad de ‘el fin justifica los medios’ porque estamos aquí para responder ante el pueblo, ante todo el pueblo”.

Biden y Obama tenían razón en cuanto a la importancia del filibusterismo, y sigue siendo cierto hoy en día, independientemente del partido que ostente el poder político.

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