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Trump, Hitler, nazismo, El American

La locura de comparar a Trump con Hitler

Si alguien se animara a escribir algo así respecto de Kamala Harris, Ocasio-Cortez, o el mismísimo Joe Biden, se activarían las sirenas, sonarían las alarmas y se escucharía una voz robótica que dice: “fascista detectado”

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Un artículo fue publicado ayer en el medio The Philadelphia Inquirer, escrito por David Lee Preston titulado “¿Está mal comparar a Trump con Hitler? No“, en él, el periodista sentenció que Donald Trump y Adolf Hitler tienen puntos en común y que “no es un sacrilegio sugerir un vínculo entre Hitler y Trump”.

En ese sentido Preston, quien se afana de ser familiar de víctimas de una de las épocas más trágicas y negras de Alemania y el mundo entero como lo fue el Holocausto, mencionó en su artículo lo siguiente: “Creo que la capacidad de Trump de incitar seguidores bajo la bandera del nacionalismo blanco nos ha permitido comprender mejor el dominio de Hitler sobre los alemanes, conectándonos con las personas reales en las viejas imágenes fotográficas en blanco y negro y los noticiarios que muestran a las masas con los brazos extendidos hacia su Führer”.

Pero no fue suficiente, y prosiguió “Ahora hemos visto en la capital de nuestra nación, de hecho, en nuestro Capitolio, cómo pudo haber sucedido Kristallnacht; y, en última instancia, cómo hombres y mujeres podrían idear lo que mi padre, George Preston, un ingeniero que sobrevivió a Auschwitz y Buchenwald, llamó una “Industria de la muerte“. “Ahora tenemos una manera de entender el surgimiento de un dictador fascista y la lealtad ciega de los secuaces asesinos”, sentenció el escriba de The Philadelphia Inquirer.

Otro ataque de los mass media a Trump

En una malintencionada y falsa catarata de enumerados que se pueden leer en su artículo, el autor se cubre de manera astuta porque sabe que donde está metiendo sus narices es un terreno turbulento y peligroso del que nada bueno puede salir, por más familiar de víctimas del Holocausto que sea.

En efecto, ávido cual ave de rapiña, se escuda de la siguiente manera: “Esto no sugiere que Trump se hubiera convertido en otro Hitler, o que el trumpismo sea igual al nazismo. Pero ahora tenemos una comprensión más clara del lado más oscuro de la naturaleza humana”. No, David, ya es tarde. Ya lo dijiste y todos te hemos leído. Tus buenas intenciones salen sobrando.

Decirle “fascista” (aun de la forma más perspicaz posible) a la única persona de la magnitud del expresidente Trump, que se dispuso a reconocer a Jerusalén como la capital del Estado de Israel y trasladar la Embajada de los Estados Unidos a esa ciudad en señal de apoyo al pueblo israelí, es un tanto ridículo y una locura.

Publicaciones así, en verdad, no son más que la muestra del calibre de la batalla cultural que enfrentamos en pleno siglo 21. Una batalla desigual en donde por un lado tenemos un ejército que en sus anchas filas cuenta con el aparato de los Mass Media, las Big Tech, los grandes foros internacionales como el de Sao Paulo o el de Davos, organizaciones internacionales políticas como la Organización de las Naciones Unidas (ONU), todas ellas abanderadas del globalismo, y con una sola misión: alabar a la izquierda y destruir a Estados Unidos. Brutal, China se frota las manos.

Mientras que por el otro lado tenemos a ciudadanos ordinarios, comunes y corrientes, personas que quieren trabajar y progresar. Tener una buena vida y disfrutar de los placeres que ella tenga para ofrecerle. Con seguridad y justicia. Con el merecido derecho de significar y transmitir los valores que le enseñaron en su familia, valores que en el día de hoy se están perdiendo gracias al aparato formador de mentes progresistas, apañados por la cultura del “todo vale” (salvo decir algo en contra de la izquierda) del postmodernismo y de publicaciones abominables como las de David Lee.

¿De dónde salen estas personas que son capaces de hacer tremendas comparaciones? La respuesta es simple: es el resultado residual del marxismo clásico, convertido y regenerado por los intelectuales de la Escuela de Frankfurt. Una escuela que no enseña, sino que destila ponzoña y el veneno más puro y duro del marxismo. Esas personas son la personificación de una frase que dijo alguna vez el prolífico escritor cubano Armando Ribas: “Educar con marxismo es como amamantar con alcohol”.

La cultura de la cancelación y el “progresómetro”
Trump, Cultura de cancelación - El American
(Flickr)

Llegados a este punto no podemos dejar de mencionar cómo el “progresómetro” es juez y amo de todo. De lo que se permite y no se permite decir, por eso siempre, siempre, pero siempre, en los artículos periodísticos como el que analizamos recién tienen luz verde.

Jamás son reprochables o mucho menos indivulgables. Si alguien se animara a escribir algo así respecto de Kamala Harris, Ocasio-Cortez, o el mismísimo Joe Biden, se activarían las sirenas, sonarían las alarmas y de un parlante se escucharía una voz robótica que dice: “fascista detectado”. Y dile adiós a tu publicación o lo que es peor, a tu carrera. ¡Hola!, soy la Cultura de la cancelación, es un placer conocerte y me encuentro a la orden del día.

En caso que alguien se animara a ir en contra de lo establecido por el progresismo, estaría “mal” y heriría la “susceptibilidad” de una minoría que se arroga el poder de la mayoría que, desafortunadamente, a esta última no la ves en las calles puesto que está ocupada trabajando, educando a sus hijos y cumpliendo con los compromisos que conlleva tener una vida ordenada y responsable.

Esta mayoría no es ruidosa, violenta o escandalosa. Todo lo contrario: respeta lo ajeno, ya sea público como privado, y no forma parte de ningún movimiento político para sentirse representado por nada ni nadie. Se representa a sí misma con las decisiones que toman y los actos que realizan en la vida. La responsabilidad (que no es más que la habilidad de responder), habla por ellos.

Ya hemos dicho que la cultura de la cancelación gracias al “progresómetro” es infalible con ciertas y determinadas publicaciones. En efecto, no se podía esperar otra cosa de un medio como The Philadelphia Inquirer, alineado a la izquierda que apoyó a la fórmula presidencial Biden/Harris. Pero, hay que concederle a esta izquierda vernácula que quiere constantemente imponernos su visión de mundo, la atinada vista que tiene.

Los izquierdistas, con su cultura de cancelación, hacen uso y abuso del “progresómetro”, y donde posan sus ojitos ven fascistas. Los logran ver en todos lados, menos cuando se miran en el espejo. ¿No es eso un sacrilegio, David?

1 comment
  1. Es increíble como la izquierda radical moderna se subroga a la opinión de las minorías, de los ofendiditos por todo. Los de derecha tenemos que reaccionar al remoquete de fascistas, en principio por que este es un movimiento de izquierda totalitaria

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