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La nueva red social de Trump y el valor de la libertad de expresión

Una nueva inversión en el mercado de las tecnologías alternativas apuesta por la defensa de la libertad de expresión

Como bien sabemos, el “mundo libre” está ve amenazado. Prefiero abstenerme de hablar de “sociedad abierta” por las connotaciones negativas y de confusión relativista que pudiera tener la habitual interpretación de las teorías del filósofo Karl Popper.

El actual panorama afecta gravemente a la “libertad de expresión”, que actualmente se ve amenazada por distintos agentes revolucionarios, que si no son los Estados modernos como tales, son colaboradores estrechos de ciertas agendas ideológicas.

Un problema, ya bien conocido, es el de la persecución de las Big Tech o grandes corporaciones tecnológicas a cualquier persona que se atreva a cuestionar la “verdad oficial progre”, ya se trate de cuestiones económicas o de postulados relacionados con la “nueva izquierda” y la “cultura de la muerte”.

En su momento, ya se apuntó a que estábamos ante una oportunidad inmensa para reivindicar la importancia de la libertad de mercado y la gran utilidad práctica de la esencia dispersa, distribuida y descentralizada de la red de redes —Internet—.

Consideré que la mejor forma de combatir esta censura no era creando leyes que con el tiempo pudieran ir en contra ni empezando a subestimar la iniciativa privada, sino emprender y emprender para ofrecer alternativas de mercado a quienes no creen en la “censura progre”.

Podemos hablar de Gab, de Parler, de Getter, de Minds o de LBRY —una alternativa a YouTube basada en las cadenas de bloques—, pero hoy vamos a abordar cuestiones relacionadas con una nueva iniciativa del anterior presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.

Una nueva inversión en el mercado de las tecnologías alternativas

Las llamadas “tecnologías alternativas” o AltTech tendrán muy pronto un nuevo rival, un nuevo proveedor de servicios de social media. De esto se trata el nuevo proyecto de Trump: una nueva red social (junto con una plataforma de video streaming basada en suscripciones de pago) que recibirá el nombre de Truth Social.

Concretamente, será un producto de una nueva empresa denominada Trump Media Technology Group (TMTG), la cual, según una nota de prensa propia, se habría fusionado con la entidad Digital World Adquisition Corporation, presente en el NASDAQ por medio de la codificación DWAC.

Esta operación le permitiría comenzar con un valor empresarial de US$ 875 millones a los que se les podría sumar una cantidad adicional de US$ 825 millones de acciones diversas. Al mismo tiempo, la compañía con la que ha habido fusión habría concedido US$ 293 millones en créditos.

En su exposición corporativa de visión denuncian la voracidad de la “censura progre” de Silicon Valley a lo largo del presente año 2021, emitiendo acusaciones de “desmonetización, regulación y cancelación” contra aquellos que se desmarcan del “guión oficial”. Incluso advierten que pretenden «controlar el futuro» así como «controlarte a ti».

Cabe recordar que tanto el expresidente Donald Trump como otros políticos de derecha y entidades contrarias al discurso revolucionario han visto cómo de manera temporal o indefinida se han suspendido sus perfiles, con chantajes basados en el borrado de ese contenido “crítico”. En España le ocurrió algo similar al partido político Vox por asuntos de inmigración.

Ahora bien, hay quienes, ingenuamente, consideran que el problema que “engendra al monstruo” es la existencia de la libertad de expresión, como una posible parte importante del laissez faire, pese a que aquí se está defendiendo la libertad negativa en el sentido austriaco-tomista, no la libertad positiva que puede avalar el relativismo.

Invertir en libertad de expresión como valor seguro

Como bien apuntaba el pontífice Pablo VI en Gaudium et Spes, uno de los textos redactados para la compilación documental conocida como Concilio Vaticano II:

«El mundo moderno aparece a la vez poderoso y débil, capaz de lo mejor y de lo peor, pues tiene abierto el camino para optar entre la libertad o la esclavitud, entre el progreso o el retroceso, entre la fraternidad o el odio. El hombre sabe muy bien que está en su mano el dirigir correctamente las fuerzas que él ha desencadenado, y que pueden aplastarle o servirle».

San Pablo VI

De ese texto uno puede inferir que, confiemos en lo que podamos confiar, nosotros, como individuos, como agentes motores y racionales, como miembros de la sociedad, somos dueños de nuestro futuro como sociedad. Nosotros marcaremos todo rumbo, si queremos.

Con lo cual, es importante defender el valor de la libertad del individuo como sujeto de fuero interno y componente de familias y de sociedades libres, fértiles y florecientes, para poder alcanzar el Bien, la Justicia y la Verdad. Al mismo tiempo, existen muchos conceptos de inversión posibles en la esfera económica.

Dicho lo anterior, podemos decir que la inversión de Donald Trump no solo es una mera contribución a la competición económica en materia de comunicación y de tecnología, sino también una inversión a favor de la libertad de expresión, ya que la defensa de esta es una de las principales motivaciones de estas redes.

La libertad peligra si nos negamos a nosotros mismos

Los enemigos de la libertad nunca querrán que pensemos por nosotros mismos o que tengamos un criterio realista que permita concebir libremente lo que conocemos como verdad.

Los que allanan activa o pasivamente el camino hacia el totalitarismo no quieren que creamos ni siquiera en nosotros mismos y en los nuestros. Pretenden que tengamos una ausencia de criterio, cooperación social y esperanza que permita aferrarnos a su diabólica Providencia Artificial.

Tratarán de aplicar la más férrea ingeniería social posible, por medio de la tecnología, de los medios de comunicación, de la propaganda y de la educación. Pero no es cuestión de echar por tierra esos derechos naturales que ellos odian absolutamente.

Con lo cual, la manera de defendernos de la censura “progre” y revolucionaria pasa por poner el ojo, para bien, en las posibilidades de desarrollo de las Alt Tech, en las ventajas de dispersión de la red de redes —de paradigma no centralizador— y en el potencial del blockchain, como revulsivo.

De hecho, ya para finalizar, no olvidemos que nosotros somos consumidores soberanos, como diría Ludwig von Mises, con lo que tenemos todo el derecho del mundo a ejercer la libertad de reprobación de las prácticas totalitarias y de la promoción de perversiones ideológicas ruines.

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