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La crisis sistémica de Pakistán y la nueva geopolítica de Asía Central

La crisis sistémica de Pakistán y la nueva geopolítica de Asía Central, EFE

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AUNQUE Pakistán no ha dejado de pagar a sus acreedores, lo cierto es que el primer ministro Shahbaz Sharif heredó una crisis sistémica con bajas reservas, una rupia debilitada y una inestabilidad política empeorada por la reconquista talibán de Afganistán. El previo primer ministro Imran Khan profundizó la crisis sistémica pakistaní, pero Khan sostiene que la moción de censura parlamentaria que puso fin a su Gobierno fue orquestada entre Washington y los altos mandos militares pakistaníes.

Khan llegó al poder en 2018 con respaldo militar y tras cuatro años de apoyar su mala gestión los militares optaron por la coalición de la moción de censura contra Khan, quien trató de esquivar la censura parlamentaria por medios extraconstitucionales, pero la Corte Suprema y Ejército garantizaron la moción y al nuevo gobierno.
Shahbaz Sharif no tiene experiencia política nacional y encabeza una disímil coalición de difícil manejo. Sharif necesita nuevos préstamos del Fondo Monetario Internacional (FMI) para sostener la balanza de pagos, poner fin a subsidios y subir impuestos, mientras Khan corteja a quienes se aferran a subsidios y exenciones fiscales.

Desde que Pakistán se separó de India en 1947 asumió un gasto militar insostenible para su economía porque Washington lo sostenía como aliado estratégico en la Guerra Fría. Hoy India y no Pakistán es el aliado estratégico de Washington ante Beijing. Y un Pakistán alejado de Occidente entró en la órbita económica de Beijing porque su imposibilidad política de cobrar impuestos y eliminar subsidios le fuerza a recurrentes préstamos de multilaterales, el Oriente Medio y China.

La economía de Pakistán depende de la exportación de algodón, la agricultura y corporaciones dirigidas por militares están subsidiadas y exentas de impuesto sobre la renta, así que las reformas arriesgan disturbios y una reacción militar. La pésima gestión de Khan junto al impacto de los cierres por la pandemia de COVID-19 en todo el mundo comprometieron la débil economía pakistaní. Khan cambio de ministro de finanzas cuatro veces en tres años y medio de erráticas políticas económicas que endeudaron al país con 6 mil millones de dólares del FMI y 10 mil millones de dólares de Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Qatar y China.

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El Gobierno de Sharif suspendió subsidios al combustible que Khan había restablecido, incumpliendo su acuerdo con el FMI, mientras intentaba esquivar la moción de censura que lo derribo. Pero el aumento de precios de servicios públicos, alimentos y un esperado incremento de tasas de interés desacelerará la economía incrementando el desempleo y protestas callejeras incitadas por Khan. Pakistán saldría de su crisis sistémica abriéndose al comercio con India, pero eso es inaceptable para la ideología de su estamento militar.

Los militares siempre han intervenido en la política paquistaní, pero Khan está usando contra los altos mandos las herramientas discursivas del Ejército para hacer y deshacer políticos:

Entre los rangos militares medios y bajos, la prensa y la clase media paquistaní prevalece la narrativa de Khan porque expresa una ideología que los altos mandos obligaron a enseñar por décadas en todos los niveles de la educación.

El comandante del Ejército, ceneral Qamar Javed Bajwa, sufre el costo político de haber apoyado el mal gobierno de Khan para finalmente sustituirlo por un Sharif con quien la crisis sigue empeorando. El próximo comandante del Ejército será designado por el primer ministro en noviembre y Khan apuesta al caos en las calles para regresar al poder con apoyo militar, mientras Sharif busca extender el comando de Bajwa otro año, para llamar a elecciones renovando su gobierno y nombrar un nuevo comandante del Ejército señalado por Bajwa.

La otra posibilidad sería un golpe militar. Pero ni Khan, ni Sharif, ni los mandos militares tienen el capital político para adelantar en paz las reformas que sacarían a Pakistán de su crisis sistémica y eso hace peligrosamente atractiva la idea de profundizar la alianza con Beijing mediante un giro mucho más autoritario hacia una versión nacional islamista pakistaní del tecnototalitarismo chino.

Guillermo Rodríguez is a professor of Political Economy in the extension area of the Faculty of Economic and Administrative Sciences at Universidad Monteávila, in Caracas. A researcher at the Juan de Mariana Center and author of several books // Guillermo es profesor de Economía Política en el área de extensión de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Monteávila, en Caracas, investigador en el Centro Juan de Mariana y autor de varios libros

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