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Expertos señalan que el plan de “infraestructura” de Biden perjudicará la economía a largo plazo

La retórica del presidente es optimista, pero estas nuevas proyecciones a largo plazo no lo son


Por Brad Polumbo

El presidente Biden está presentando su plan de “infraestructura” de más de 2.7billones de dólares, lleno de elementos no relacionados con la infraestructura de transporte tradicionales, como la clave para restaurar la economía y volver a poner a los americanos a trabajar. Está justo en el nombre: el “Plan de Empleo Americano”. 

“Este es el momento de re-imaginar y reconstruir una nueva economía”, dijo Biden al presentar su plan. “El Plan de Empleo Americano es una inversión en América que creará millones de buenos empleos, reconstruirá la infraestructura de nuestro país y posicionará a Estados Unidos para superar a China”.

La retórica del presidente es bastante optimista, pero las perspectivas de su plan a largo plazo no lo son. Un nuevo análisis de la Ivy League concluye que el plan de Biden en realidad contraerá la economía a largo plazo. 

Los analistas de la Escuela de Negocios Wharton de la Universidad de Pensilvania sopesaron los beneficios potenciales que tendría el gasto propuesto frente a los costos derivados del aumento de la deuda pública y de los impuestos a las empresas. Los expertos concluyen que, si bien el envío de montones de dinero en efectivo puede parecer estimulante al principio, los efectos a largo plazo serían negativos en términos netos.

Para 2031, Wharton proyecta que el tamaño de la producción total de la economía se habrá reducido en un 0.9 % como resultado del “plan de empleo”. Los analistas también predicen una disminución del 3 % en el “stock de capital”, una medida de los recursos productivos de la nación como maquinaria, edificios, etc. 

¿Por qué el gasto público masivo reducirá el stock de capital? Porque la propuesta se financia mediante el aumento de los impuestos, lo que reduce directamente la inversión del sector privado y porque implica incurrir en enormes cantidades de deuda pública, la cual “desplaza” la inversión del sector privado. 

Aquí es donde las cosas se ponen feas para los trabajadores con este “plan de empleo”. 

La reducción del capital, es decir, de las herramientas productivas, significa una menor productividad de los trabajadores. Las inversiones en maquinaria mejorada, por ejemplo, permiten a los trabajadores de las cadenas de montaje producir más por hora trabajada. Y la productividad está íntimamente ligada a los salarios de los trabajadores.

“Más inversión de capital significa: dar al trabajador herramientas más eficientes”, explicó lúcidamente el economista austriaco Ludwig von Mises. “Con la ayuda de mejores herramientas y máquinas, la cantidad de los productos aumenta y su calidad mejora. Como el empleador, en consecuencia, estará en condiciones de obtener de los consumidores más por lo que el empleado ha producido en una hora de trabajo, puede —y, por la competencia de otros empleadores, se ve obligado— a pagar un precio más alto por el trabajo del hombre”. 

Por supuesto, si el capital —y por tanto la productividad— disminuye, se produce el efecto contrario y los trabajadores ganan menos con el tiempo. Así que no es de extrañar que Wharton concluyera que el masivo “plan de empleo” de varios billones de dólares provocará, de aquí a 2031, un descenso del 0.7 % en el salario promedio por hora. Los analistas también señalan que no habrá casi ningún aumento en el empleo, medido por el total de horas trabajadas.

Wharton proyecta efectos negativos similares a lo largo de un periodo de tiempo aún más largo, con resultados negativos netos del “plan de empleo” en 2040 y 2050.

 Fuente: Wharton School, University of Pennsylvania

La amplia propuesta de “infraestructura” del presidente Biden es sólo el último ejemplo de una larga historia de retórica política ambiciosa que enmascara resultados mediocres. Los políticos a menudo señalan los beneficios propuestos de sus políticas, a menudo tangibles y fáciles de ver, y presentan sus argumentos a favor del gran gasto gubernamental basándose únicamente en los beneficios. 

Pero aunque la retórica puede ser de color de rosa, la vida real implica compensaciones, la ponderación de los beneficios y los costos. Y cuando hacemos esto con honestidad en el caso de la propuesta de infraestructuras de Biden, los resultados son realmente sombríos.

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