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China y Cuba en la mitología de la América woke

América woke, El American

El universo woke de los Estados Unidos ha visto caer —aunque no lo admita— dos mitos a los que no puede renunciar emocionalmente. Les duele ver caer sus mitos, se aferran a ellos y los defienden porque nada les ofende más que chocar con la realidad.

El socialismo, como ideología, no es otra cosa que una guerra contra la realidad misma, adelantada en nombre de la envidia y resentimiento, que llega a la adoración a muerte en el caso del marxismo. Y el socialismo woke es neo-marxista. Pero lo de la ofensa en su caso es más profundo, pues sentirse permanentemente ofendidos es la base de su frágil autoestima y la justificación de sus amores y odios ideológicos. Colocan a la emoción en el sitial de la razón —lo que es tan malo como lo contrario— y lo hacen para justificar ante sí mismos sus resentimientos envidiosos disfrazados de justicia “racial”, “de género”, “social” y que es tan transversal como falsa.

El mito chino

En la versión de José Padilha en 2014 del clásico de los años ’80 Robocop se presenta un gran mito chino de la América woke como telón de fondo “evidente” de ese futuro cercano, pero todavía supuestamente futuro, imaginado hace menos de una década. Es el mito chino del “capitalismo” woke y sus políticos oportunistas. El de una china que “era” y “sería siempre” una mera fábrica para subcontratar explotando mano de obra barata, sojuzgada —en algunos casos incluso esclava— y sin regulaciones ambientales.

Una china totalitaria en la que “hacer negocios” contrarios a sus ansias hipócritas de señalar sus propia falsa virtud. La China de los generosos sobornos a políticos occidentales y la subcontratación barata que les servía para presumir hipócritamente en América lo contrario de lo que hacían al amparo del Partido Comunista chino (PCCh). Pero sobre todo, una China geoestratégicamente inofensiva, donde imaginan guionistas de Hollywood que se subcontrataría, sin peligro ni consecuencia alguna, nada menos que la tecnología estratégica de la seguridad y defensa de una imaginaria América futura, en la que los woke se describen a sí mismos en quienes presentan como sus “contrarios”. 

Fue la política hacia Beijing de la administración Obama, la de los “buenos negocios” de sus “empresarios” aliados y financistas. La de la presunta corrupción —presuntamente a costa de la seguridad de los Estados Unidos— del hijo de su vice-presidente (hoy presidente). Mito con que se negaron a ver la realidad de una superpotencia totalitaria radicalmente enemiga de los Estados Unidos que creció y se fortaleció mediante algo de limitado mercado “libre” y un poco de controlado capitalismo. Con feroz proteccionismo y con empeño no menos feroz por el robo de tecnología occidental. Con su propio imperialismo totalitario, más cínicamente práctico que el neo-imperialismo ideológico woke. Todo financiado por esos “solo negocios” y esa complacencia “ciega” con la realidad totalitaria y genocida que nunca dejó de imponer el PCCh en la propia China.

Sin ese mito la administración Biden está obligada, muy contra su deseo, a enfrentar la realidad de una nueva guerra fría —distinta y distante de la anterior— por el avance rápido y decidido de China y su impacto en la realidad geopolítica de los aliados y los propios Estados Unidos.

El mito cubano

El otro mito que ha caído es el de la revolución cubana. Algo que el universo woke admira, defiende y justifica sin límites —como casi toda la izquierda del mundo— es el bestial y rapaz totalitarismo del castrismo. Cuba es para ellos un sueño tropical de “heroísmo” y “dignidad” ante la América —su propia nación— que odian y desprecian.

Es el sueño del socialismo, medicina y la salud gratuita, vida dirigida y garantizada por el Estado “de la cuna a la tumba” que se empeñan en creer cómoda, fácil y extrañamente “digna” y de la que únicamente admiten algunas “limitadas” carencias materiales por un inexistente “bloqueo”. Es sobre todo el mito del odio y desprecio a la nación cubana en el exilio, en los propios Estados Unidos buena parte de ella, esa que como alguna vez me dijo Julio M. Shilling, vive y prospera en el exilio en libertad, anhelando la patria, mientras la nación cubana en la patria, vejeta en la miseria y la desesperación de la explotación y la indignidad socialista, anhelando la libertad.

Para ellos, sin embargo, fuera de alguno que otro “desviado” influenciado por esa “maligna” Cuba libre fuera de la patria, cada cubano de a pie vivía en dignidad, felicidad y plenitud apoyando decididamente a sus tiranos y creyendo en el Agitprop y la censura. Pero ya han visto una realidad que les ofende en lo más hondo, que su “sueño cubano”, la pesadilla de los cubanos comunes y corrientes de Cuba. Y que en medio de esa desesperación se atrevieron inesperadamente a gritar exigiendo libertad. Que no creen en la falsa propaganda del “bloqueo” que de un plumazo y casi inadvertidamente dejó en evidencia como una absurda mentira “mil veces repetida” la propia tiranía con las migajas que decidió lanzar para acompañar a la brutal represión que vive Cuba en estos días terribles.

Aquellos que calificaban al terrorismo urbano de Antifa y Black Lives Matter (BLM) de “protestas mayormente pacificas” aplauden la brutal represión en Cuba con el telón de fondo de ciudades incendiadas, pequeños negocios saqueados, pequeños capitales arruinados y cientos de millones en pérdidas por su feroz ensañamiento contra aquellos que afirman “defender” y “liberar” mientras buscan hacerlos miserables y dependientes, resentidos y auto flagelados, imposibilitados de abrirse paso por sí mismos, víctimas atadas a una ideología del fracaso y la dependencia, garantizándoselos como clientelas políticas adoctrinadas, dependientes, débiles y manipulables.

Ellos que hablan de racismo “institucional” y explotación en América, han sido puestos ante la realidad de la miseria material y moral del socialismo real al que realmente aspiran, de su racismo, explotación y brutalidad. Y lo han visto y escuchado. Ya saben, aunque se empeñen en negarlo. Y eso les ofende y les duele.

Guillermo Rodríguez is a professor of Political Economy in the extension area of the Faculty of Economic and Administrative Sciences at Universidad Monteávila, in Caracas. A researcher at the Juan de Mariana Center and author of several books // Guillermo es profesor de Economía Política en el área de extensión de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Monteávila, en Caracas, investigador en el Centro Juan de Mariana y autor de varios libros

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