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Estas son las estrategias tóxicas de Beijing para duplicar su economía en 2035

Beijing, El American

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Aunque la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China –BRI– empezó como una proyección de inversiones y comercio chino en Eurasia, la iniciativa de la Ruta Marítima de la Seda le dio alcance global al proyecto. Los ramales terrestres y marítimos tocarían más de 140 países en Eurasia, Oriente Medio, el Sudeste de Asia y América Latina. 

Beijing dobló la apuesta con la Ruta de la Seda Digital y la Ruta de la Seda Polar. Con su proyecto de la Ruta de la Seda Digital, Beijing busca hegemonizar la tecnología 5G y con ella La Internet de las Cosas –IoT– desplazando a las empresas americanas de su posición dominante en la economía digital, para empezar a rehacer las reglas de la economía global imponiendo su hegemonía en las próximas décadas

Beijing lanzó en BRI cuando la producción de sus empresas “privadas” orientadas por la planificación central del Estado chino superaba la demanda interna y sus exportaciones hacia mercados extremos desarrollados ya no crecían. Apostaron por aumentar sus inversiones y comercio con economías en desarrollo, garantizándose acceso a recursos naturales estratégicos y nuevos mercados. Es todo un proyecto imperial en desafío a la hegemonía de los Estados Unidos y al actual orden internacional.

Para 2027, la inversión directa en el BRI sumaría 1 billón 300 mil millones de dólares y unos 2 mil 600 proyectos de inversión asociados al BRI sumarian otros 3 billones 700 mil millones de dólares más en Oriente Medio y África. Por ello, entre 2013 y 2020, la banca estatal china firmó memorandos de entendimiento por decenas de miles de millones de dólares en préstamos a países considerados de alto riesgo por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos. Beijing usa esa deuda de alto riesgo como “trampa de endeudamiento” para garantizar su acceso a recursos energéticos y minerales, satelizando ideológica, económica y militar a regímenes autoritarios y élites económicas corruptas. Porque, para Beijing, su capital público y “privado” es un arma política e ideológica que responde a las órdenes del Estado y el Partido Comunista Chino. Las empresas privadas chinas están subordinadas al Estado y el Partido por leyes que las obligan a operar como agentes del aparato interno y externo de inteligencia de Beijing.

Así que Beijing desarrolla el BRI con un objetivo final: la internacionalización de las prioridades chinas mediante la progresiva alineación de gran parte del mundo con sus intereses estratégicos de largo plazo. Por eso, Beijing emplea el BRI como plataforma de cooperación multilateral junto a la Organización de Cooperación de Shanghái, el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura y otros, luchando por redefinir los estándares internacionales en las Naciones Unidas (especialmente en los sectores digitales y de telecomunicaciones) para rehacer a su imagen las reglas del comercio, la economía y la política internacional. 

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En 2035 Beijing planea ser la potencia de establecimiento de estándares más importante del mundo con su estrategia: Estándares de China 2035. Y al igual que en los Estados foráneos, Beijing usa la corrupción como herramienta de influencia en las organizaciones multilaterales. Con una potencia totalitaria, con el peso económico global y el tipo de estrategias comerciales y financieras que utiliza China, hablamos de la expansión global de un capital tóxico para la institucionalidad, el sistema de derecho y la libertad de expresión de todos y cada uno de los países en que ingresa.

Una toxicidad que incluye las condiciones de Beijing a las empresas extranjeras para permitirles des-localizar su fabricación hacia China, aprovechando sus laxas regulaciones ambientales y mano de obra relativamente barata, o para importar recursos o productos chinos, exportar al protegido mercado chino, o invertir para producir y vender en china. 

La estrategia tóxica de Beijing incluye desde comprar a las élites políticas y empresariales del tercer mundo y el Occidente desarrollando, empezando por los Estados Unidos, hasta demostrar su amplia capacidad de “castigo ejemplar” como ya vimos en 2021, cuando el boicot chino contra Lituania, incluyó amenazas a grandes corporaciones alemanas –en Alemania, no en Lituania– para “elegir” entre el mercado chino y sus proveedores lituanos. 

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